El año de las poetisas: noviembre

Fanny Campos Espinoza

El año de las poetisas: noviembre

Nos hemos propuesto, como meta para este año, promover y amplificar la voz de doce poetisas chilenas. Ellas tienen algo importante que decir en relación a temas transcendentales de la sociedad en la que vivimos.

FANNY CAMPOS ESPINOZA, (Santiago 1980)

Escritora, editora y abogada. Publicó Hystera Hystrión (2015, reeditado en 2017), destacado como uno de los mejores poemarios de editoriales independientes del 2015. Obtuvo los Fondo del Libro que el CNCA otorga a la Creación Literaria, en los años 2014 y 2016, entre otros reconocimientos. Sus poemas y cuentos figuran en diversas muestras de literatura latinoamericana, tanto en Chile como en Perú, Bolivia, Ecuador, España y Rumania. Ha sido invitada a festivales literarios en diversas ciudades de Chile, Perú, El Salvador, Cuba y México.

 

¿Con qué color relacionaría su mes? En este caso noviembre

Con el rojo, porque en noviembre se conmemoran hechos muy violentos, que tienen la virtud de remecer nuestras conciencias y movilizarnos. Se conmemora el asesinato de las hermanas Mirabal, el 25 de noviembre de 1960, militantes opositoras a la dictadura de Leónidas Trujillo en República Dominicana; lo que nos invita a mirar a nuestras propias detenidas desaparecidas en la Dictadura de Pinochet, entre cuyas víctimas se encuentra una decena de mujeres embarazadas.

¿Qué sentimiento le sugiere la cultura?

Encontrados, de odio y de amor. La cultura, así, en términos tan amplios, es responsable tanto de todas las más grandes barbaridades como de las más magníficas obras humanas. Con El Canto General de Neruda no se puede dejar de pensar en “la profunda zona del dolor diseminado” de los hermanos obligados bajo azote a construir las bellas pirámides Incas, lo mismo respecto de las otras maravillas del mundo de la cultura que no podemos evitar admirar, en cuyas construcciones corrió mucha sangre esclava. Pero claro, ese poema a Machu Pichu, también es cultura; está del lado luminoso de la cultura, aunque Neruda como persona machista no lo esté. Denunciar el lado oscuro de la cultura, a través de manifestaciones artísticas, es lo que más amor y gratitud a la cultura (o mejor dicho contra-cultura) me genera.

¿Y la educación?

Tan diversos como tipos y estilos de educación hay, y ello sin contar el deplorable estado de la educación chilena actual, que me genera, naturalmente, sentimientos de mucha ira, pues toda injusticia eso es lo que genera: un cúmulo de sentimientos negativos dentro de una olla a presión a punto de estallar. Y la olla es colectiva. No hablo sólo de la educación pública, que debiera ser verdaderamente de calidad y gratuita, sino incluso de la educación privada, que además de no soler ser de calidad (está lleno de universidades e institutos callampas, una estafa para sus usuarios-consumidores) es además un descarado negociado, en donde el mayor motor está en la codicia, sin mayor ni real interés en las personas que están formando. ¡Y para qué hablar del machismo incubado dentro de todas esas instituciones!

Empezar a escribir un poema es como plantar una semilla, pones el lápiz en el papel y todo comienza a brotar. ¿es así?

Antes lo era, ahora en la mayoría de los casos, se colocan las yemas de los dedos sobre el teclado… al principio me resistí a eso, pero ya me rendí a la tecnología (es cómodo no tener que transcribir lo manuscrito al notebook, y los procesadores de textos facilitan el proceso de edición)… pero claro aún está la semilla, aunque la tierra en vez del papel sea la pantalla.

¿Con qué tipo de planta, árbol o flor relacionaría su poema publicado?

El romanticismo es la trampa que nos hace tanto daño, y eso, independientemente de la tendencia sexual de la relación: ¡si es romántica es destructiva! Rimbaud trató de reinventar el amor, y con Verlaine tampoco le fue nada de bien. Así que reinventar el amor va mucho más allá de la sexualidad (da lo mismo si se trata de una relación heterosexual u homosexual); se relaciona, más bien, con la destrucción del romanticismo y toda sus negras trampas rosadas. No creo que el poema se parezca a flor alguna o tal vez sí, porque las flores son los órganos sexuales de las plantas (pero ellas están puras, libres de todo romanticismo; es el ser humano el que las convierte en símbolo de algo que no es; la flor en sí, no es romántica, está libre de esa estupidez humana), pero si hubiera de parecerse a alguna, sería a una flor carnívora o a una ortiga, algo que mate o al menos dañe. Creo que podría ser una ortiga, porque hace daño, pero también puede sanar: el darse cuenta es doloroso, pero sana.)

Se considera una mujer de ¿fuego, tierra, agua, aire o algún otro elemento?

(Yo hasta me cuestiono si considerarme o no mujer… pero claro, no sacamos nada con negarlo. Así parte, más o menos, el Segundo Sexo de Simone de Beauvoir, libro que ya es un clásico medio añejo, pero que no deja de ser un tremendísimo referente. Hay que afrontar el problema que es ser mujer en esta sociedad machista… Así que sí soy mujer). Según el horóscopo sería un signo de agua, pues nací en marzo, y curiosamente sí me identifica ese elemento acuático, porque el agua está relacionada con las emociones, que es algo que todo escritor(a) – y sobre todo los y las poetas-, debemos manejar como elemento esencial del texto. Pero creo que todos y todas y todes tenemos un poco de todos los elementos. El fuego es lo que nos moviliza, es pasión que mueve a la acción; la tierra es lo que nos conecta a este mundo, y desde Nicanor y Violeta Parra, es prácticamente imposible no conectarse a la realidad social; y finalmente, el aire es imprescindible para el pensamiento y el ritmo, y el poema no es pura emoción pasional y conectada con las circunstancias físicas, también es mucho aire, sonido y pensamiento. El mejor poema es un batido que contiene todos los elementos, bastante acuoso, eso sí. Y yo aspiro a ser mi mejor poema, así que debo intentar ser una mezcla de todos los elementos, aunque en mí prima el agua.

Conecte las artes con un olor, y explique el porqué de esa conexión.

El primer olor que se me viene a la mente es el olor a mierda. ¿Conocen la obra Mierda de artista (Merda d’artista) de Piero Manzoni? Este artista expuso treinta gramos de su caca envasada y firmada en una galería de arte a principios de los años sesenta, a precio de oro. Hoy vale mucho más que el oro. Lógicamente, quiso hacer una crítica del mercado del arte, y la gracia es que efectivamente todos cayeron en la trampa y hoy en día su precio alcanza cifras ridículas de caras Es una excelente metáfora de la obra de arte, porque en el arte hay mucho ego y estupidez tanto del artista, como del consumidor de arte. Razón de porqué el arte se ha puesto tradicionalmente al servicio de la aristocracia y la burguesía. En cambio, el arte que se aleja de esa mierda, tiene un agradable olor a tierra húmeda, a pan recién horneado, y también, olor a sangre, a protesta, a gas y a barricada. Ese es el arte que me interesa… bueno y la mierda, también, pero sólo en tanto se utiliza para auto-denunciarse.

¿Qué significa ser mujer para una poetisa chilena?

(Por favor, no me llamen “poetisa”, sino “poeta”. Es algo que ya es convención entre nosotras, llamarnos poetas. Lo que significa que todos y todas y todes quienes compartimos el oficio poético, debemos ser compañeres sin distinción, por supuesto desde nuestras propias subjetividades, que incluyen el género, entre otros infinitos factores. “Las mujeres serán los poetas del futuro” señaló Rimbaud en el pasado; el futuro en el que pensaba el iluminado francés, es nuestro presente y mañana).

Ser poeta en Chile es una soberana mierda, como en casi todo el resto del mundo, supongo. Imagínate lo que es ser poeta en un país en el que sólo la mitad de la población “se declara” lectora (vayamos a saber si es verdad o puro bluf…), y que de esa mitad de la población (que de seguro, ha de ser menos) sólo el cero coma algo lee poesía… Es como ser médico en medio de un cementerio; no hay a quien sanar, están todos muertos. Pero a diferencia de esa imagen, el poeta aspira a resucitar a los y las muertas; al menos, algunos/as, y yo soy de esas que se desviven en “voluntariados poéticos”, que es la forma que he encontrado para denominar a tanto trabajo gratuito que se hace por intentar encantar a la gente con esto que me encanta y sin lo cual me sentiría muerta (lecturas callejeras, recitales y acciones de arte en espacios públicos, presentaciones y reseñas de libros, trabajo editorial artesanal, etc.) Y ahí viene el tema de la pobreza que suele ser el fantasma de este oficio tan poco valorado en esta sociedad. Con Mistral hablamos del “oficio paralelo” (no queda otra que tener otro oficio remunerado, para pagar las cuentas).

Y ahí hay un gran tema de género también, porque ese oficio de poeta se parece mucho a ser madre, ambos son trabajos tremendamente demandantes, duros, que se hacen con mucho amor, y que por ese mismo amor son explotados, porque se sabe que una madre, lo mismo que un poeta no deja nunca de escribir, no dejará de cuidar a sus hijos, si es que no le pagan por hacerlo. Y ahí tienes el tema de la doble jornada de la mujer, que si es mujer poeta o artista, se traspasará a “la triple jornada”: procurarse los medios de subsistencia, cumplir las tareas maternas y domésticas, más el oficio de poeta. No hay cuerpo que resista, por eso muchas intelectuales optan por no ser madres o por delegar el cuidado de los y las hijas en otras personas que también suelen ser mujeres (la abuela, la nana, la educadora de párvulo), o incluso, promueven “la huelga de vientre” como “una solución”. Ni Neruda ni Mistral lavaron un plato en la vida. Claro, una solución que en el fondo implicaría el fin de la humanidad… y es que tal vez el ser humano se merezca estos versos de Mistral: “y bendito sea mi vientre/ en el que se acaba mi raza”.

Pero habemos otras, que pese a respetar esa opción, sí queremos ser madres y poetas a la vez, restándole ese valioso tiempo al trabajo remunerado… Quisiera que esa apuesta por lo que verdaderamente nos importa, no implique tener que resignarnos a morir en una suerte de indefección del que te libre sólo la caridad o las redes familiares… Injustamente hemos visto morir a grandes poetas como Stella Díaz Varín o Ximena Rivera, y tantos y tantas otras hacia atrás, en la pobreza.

Con Silvia Federicci, aspiro al pago de esos necesarios trabajos maternos, que asimilo al trabajo artístico, ambos explotados sin mayores retribuciones económicas.

Seguridad social para las madres-dueñas de casa (petición muy rezagada por el feminismo burgués), y para los y las artistas, es algo que se requiere con suma urgencia.

¿A quién dedicó su primer escrito?

Mi primer texto pseudoliterario fue escrito cuando niña. Lo recuerdo muy bien, por la preocupación que causó a los adultos. Era un cuento donde la hija mataba “por amor” a su padre, para que dejara de sufrir; claramente, ahora creo que lo escribí bajo la influencia de Poe, que fue mi primer escritor favorito. Me encerraba por las noches a leerlo en baño, para no molestar con la luz a mi hermana. En paralelo escribía poemas a Jesús e incluso a “los héroes de la patria”, según lo que iba “aprendiendo” en la educación básica, porque era una aplicada niña tan católica como su entorno, naturalmente… A las niñas y niños nos crían engañados. Pero mi primer libro lo dediqué tácitamente a Alejandra Pizarnik, a Artemisia Gentileschi,  entre otras influencias de la adolescencia. Los demás (aún inéditos, los otros tres), los he ido dedicando fundamentalmente a mujeres, tanto destacadas como anónimas. Ruleta Rosa está dedicado a todas quienes han sufrido violencia de género, en especial a las víctimas de femicidio.

Si tuviera que referirse a usted como un animal, ¿cuál escogería?

Escogería la que soy, porque me encanta ser humana, específicamente una hembra humana, pues eso me ha permitido no sólo conectarme con el útero que da vida, con los senos que producen el mejor alimento para nuestras crías, y con el instinto materno que es uno de los más aguerrido de los que he sentido en la vida, sino que con la razón y con nuestro lenguaje, que ha de ser uno de los más complejos del reino animal; aunque me avergüenzo de las barbaridades de nuestra especie, que se cree superior a las otras.  Siendo feminista, naturalmente rehúyo de los esencialismos, pero igual me gusta reconocerme como una animala, en su justa medida, y saber que tú también lo eres, igual que el macho o hembra que lee esto, solo que muchas veces lo olvidamos, porque nos quieren hacer creer que no lo somos, que podemos alejarnos de la naturaleza como si no fuésemos parte de ella. La humanidad, junto al resto del reino animal y vegetal, y la Tierra entera, están sufriendo las graves consecuencia de ese engaño de la cultura, que claro, también es real y tiene el peso que ya todos cargamos en la espalda… pero que es también maleable, y se va modificando. Así que sí, yo soy una hembra humana, que además se ha formado culturalmente como mujer (sacándose el pelaje con cera depilatoria, pariendo en hospitales o clínicas, vistiéndose de manera ridícula e incómoda, viviendo en ambientes nada naturales y muy poco saludables como lo son las contaminadas ciudades, comiendo mierda industrial). Pero, creo que la única salvación, más que buscar otro planeta que ir a destruir cuando ya no dé a basto este, es dejar de disociarnos tanto de nuestro lado más sabio, instintivo, no dejarse cegar por completo por la cultura, que es tan artificiosa como el dinero. El animal está libre de la codicia. Sabe que el dinero no es el verdadero alimento. La sociedad está construida en base a ilusiones, que permiten la especulación y el poder de un puñado sobre la mayoría. A los animales no se les puede engañar, por eso simplemente los doblegan por la fuerza, como a los locos o las brujas. La educación estricta, formal, lejana a la naturaleza, encerrada, uniformada, serial, es la forma de alejarnos de nuestra animalidad, la forma de domesticarnos, prepararnos para la esclavitud. Pero todos y todas, en el fondo, sabemos que eso va contra nuestra naturaleza más profunda.

Relate unas breves líneas, improvisadas, dedicadas a este centro cultural

Agradezco las entrevistas que este centro cultural se encuentra realizando este 2018, a diversas escritoras, porque contribuyen a difundir las letras de mujeres, que como sabemos, son letras que el patriarcado se ha encargado de silenciar durante tantos siglos. Me parece una buena ironía este nuevo calendario de mujeres intelectuales y creadoras, versus aquellos en los que cada mujer objeto representaba un mes… no sé si aún existe esa basura. Feliz y honrada de ser la mujer no-objeto de Noviembre, junto a otras doce escritoras chilenas que representamos a cientos de miles de mujeres-sujetos de nuestra tierra, que estamos en la misma sintonía creativa, impulsando la toma de consciencia.

Siento que estamos despertando. Siento que algo bueno está ocurriendo, con la suma de pequeños aportes de este tipo, que reman en ese sentido. Y si bien aún falta demasiado por hacer, porque no hemos logrado deshacer del todo los retrocesos perpetrados en los tiempos dictatoriales en contra de las mujeres y otros grupos no privilegiados, creo que hoy existe un nuevo auge de la conciencia anti-patriarcal, y eso incluye también, a las minorías sexuales, a los pueblos originarios, a los y las inmigrantes, a todos, todas y todes les desplazades.