Visita a las cartas manuscritas del Miguel Hernández


Visita a las cartas manuscritas del Miguel Hernández

El martes 25 de abril se reunieron en el Archivo Nacional de Santiago de Chile, el Embajador de España en Santiago de Chile Carlos Robles; la Consejera Cultural, Rebeca Guinea; la Subdirectora del Archivo Nacional Emma De Ramón y el historiador español Mario Amorós con el fin de consultar las cartas inéditas de Miguel Hernández halladas casualmente en 2015 mientras Mario Amorós buceaba en el archivo del diplomático chileno Germán Vergara Donoso.

Estas once misivas manuscritas por el poeta desde las cárceles españolas fueron enviadas a Vergara Donoso, entonces Encargado de Negocios de la Embajada de Chile en Madrid, entre junio de 1939 y enero de 1942, y en ellas el poeta solicita ayuda para ponerse en contacto con Pablo Neruda y buscar salida a su encarcelamiento.

Esta visita marca un hito importante en el 75 aniversario de la muerte del gran poeta, y pone de manifiesto la relación existente entre Miguel Hernández y Chile, y la necesidad de continuar revisando, investigando y analizando no sólo su universal obra, llena de una increíble fuerza renovadora sino también los documentos que se generaron en torno a su figura (cartas, imágenes, objetos) que son testigo del camino recorrido y que abren las puertas a profundizar en el mundo interior del escritor.

Miguel Hernández es uno de los poetas más destacados de la literatura española. Un hombre bohemio, de escasos recursos económicos y con pocos estudios, que supo hacerse a sí mismo y abrirse camino en un Madrid convulso que estaba en pleno proceso de modernización y vanguardia. Su trayectoria poética se enmarca dentro de la Generación del 36, que estuvo muy influenciado por la figura de Pablo Neruda. No obstante por afinidad estética y relaciones de amistad, Miguel Hernández se encuentra más cercano a la Generación del 27, como se puede apreciar en su obra “Perito en Lunes“ (1933) donde la influencia de los poetas conocidos en su primer viaje a Madrid es palpable. Su poesía evolucionará gracias a su segundo viaje a Madrid, donde la figura de Neruda será clave y sus versos girarán hacia una poesía comprometida socialmente, como en “El viento del pueblo” (1937).

Su arresto y reclutamiento en la cárcel de Alicante nos dejará una de sus obras más desgarradoras, “Cancionero y romancero de ausencias” (1938-1941).  En esta misma prisión Miguel Hernández muere un 28 de marzo de 1942 con 52 años de edad, víctima de tuberculosis.