La arquitectura y experimentación del grupo “Toma” en el CCE Santiago

Entrevista al equipo: Ignacio Rivas y Mathias Klenner

La arquitectura y experimentación del grupo “Toma” en el CCE Santiago

¿Qué es “Toma”?

Somos un colectivo de arquitectos. Partimos como un grupo de amigos con intereses comunes sobre la ciudad de Santiago. Nos motivaron ciertas dinámicas urbanas que veíamos que estaban ocurriendo y que como arquitectos recién titulados, no estábamos haciendo nada al respecto.

Nuestro trabajo comenzó en el 2012. En esa época, nos sentíamos parte de la efervescencia política que dejó el 2011 con los movimientos estudiantiles. Experimentamos ese ímpetu de cambio a nivel político y social, desde la arquitectura.

Con el tiempo, realizamos una serie de proyectos investigativos y de acción tanto en lugares en desuso, como públicos y culturales. En estos últimos, tratamos el tema de la ciudad y el neoliberalismo. Esto nos llevó a pensar en formas de colaboración trabajando en redes con otras disciplinas.

En esa búsqueda, hemos circulado por distintos espacios de la capital. Por eso, llegamos al CCE Santiago que nos invitó habilitar espacios. Nos pareció interesante poder asociarnos a este equipo de trabajo.

¿Cuál es su mecanismo de trabajo?

Hemos desarrollado mecánicas muy distintas de acuerdo a cada ocasión y proyecto. Esto nos ha permitido reestructurar nuestra manera de administrar recursos y repartir las horas de trabajo. Por eso, nuestra práctica es meramente experimental.

Valoramos mucho los espacios culturales que plantean una apertura hacia la ciudadanía. Nos interesa poder conectarnos con estos espacios, y colaborar en generar centros de reflexión y discusión en torno a diversos temas.

¿Cómo están llevando a cabo sus intervenciones arquitectonicas en el CCE Santiago?

En esta invitación vimos una oportunidad interesante por un proceso de renovación de contenidos, de programación y de un espacio cultural.

Ese espíritu iba muy acorde con el grupo y nos motivó seguir un proceso abierto, exploratorio y no sólo de “habilitación de espacios”. Quisimos invitar a un artista diferente para intervenir y darle un sello característico a tres lugares del CCE Santiago, la sala “Nube”, donde ya participó el arquitecto Nicolás Aracena y el “MateSurLab” y la “Isla Verde” que están prontos a ser internvenidos.

También deseábamos cambiar la forma tradicional en la que opera el arquitecto, en relación al diseño y definición. Aquí es donde más hemos podido explotar la idea de construir, experimentar y que el proyecto se vaya armando. A partir de la presentación de las ideas y de recibir aportes por parte de los gestores culturales del centro.

La sala “Nube” ya está terminada. ¿Cuáles serán las intervenciones que harán en los otros espacios del CCE Santiago?

No está tan definido, pero sí sabemos que las intervenciones no serán pensando estos lugares como espacios genéricos. Ahora se acaba de integrar al equipo Nicolás Grumm, que va a trabajar en el “MateSurLab”, y el objetivo es que la transformación del espacio, además de generar cambios en el, funcione como una residencia para nuestro artista invitado.

Nuestra idea es habilitarlo para darle una carga. Pero también, que sea capaz de recibir modificaciones por parte de los artistas que van a llegar a este sitio, ya que se trata de un espacio de labotorio para artistas dentro del CCE Santiago.

Por otra parte, en la “Isla Verde” (jardín interior del CCE Santiago) hay que trabajar con material vegetal. A partir de ahí, hay que comenzar a construirle un sentido. La idea es darle un carácter más público, con el fin de incentivar su uso cotidiano para aquellos que no sólo vienen por la programación.

¿Qué significa para ustedes emplear materiales que fueron desechados y que vuelven a reutilizar?

Desde el punto de vista material, está la idea de poder trabajar tanto con materiales u objetos que posean una memoria, ya sea encontrados o recuperados para darles un nuevo uso.

Esta reutilización viene de la idea de la indeterminación, donde el uso del mobiliario no está tan claro. Entonces, la gente puede ocuparlos de diversas maneras y ellos determinan su uso.  Es mucho más libre.

En la “Nube” se utilizaron maderas de demolición de roble y pino oregón. Ambas son muy valiosas y le dan cualidades únicas al espacio, con un valor histórico y cultórico.

¿Cuál es el giro que se le quiere imprimir al CCE Santiago?, ¿cómo creen que su trabajo se puede vincular con la audiencia?

Como este un proceso de exploración, es difícil imprimir ciertos objetivos. Pero sí creemos que el proceso en si indica que este es un centro cultural que está probando cosas nuevas.

Todo esto va a permitir que los ambientes sean más lúdicos, abiertos y que permitan estimular cierta creatividad de los usuarios.

La “Isla Verde” va tener un carácter más público, dándole la posibilidad a la gente de poder quedarse en él. Ojalá les podamos transmitir esto a los visitantes.

Desde nuestra posición, podemos aportar esa versatilidad y darle otro valor al lugar. La informalidad de estas intervenciones permitirá que las personas se sientan más en confianza y que puedan apropiarse de las cosas que hay disponibles para ellos en estos espacios.

¿Cómo ha sido toda esta experiencia para el equipo?

Ha sido muy gratificante y de mucha libertad. Hay un ambiente acogedor y desde que llegamos nos han aceptado muy bien.

Que el CCE Santiago nos haya invitado a este proceso de renovación, es muy estimulante. Nos alegra poder participar y que nos hayan dado la oportunidad de experimentar en sus instalaciones. Esperamos que su publico disfrute de ellas, tanto como nosotros estamos explorando al producirlas.

 

Constanza Romero Lecourt.