coRЯespondencias

CoRЯespondencias es un proyecto de mediación cultural del CCESantiago, que consiste en el intercambio de experiencias de profesionales de diferentes contextos de la mediación artística de España y Chile a través del intercambio epistolar. 

Por medio de la comunicación cercana y personal de las cartas, invitamos a 15 personas a reflexionar en torno a su práctica y generar un espacio de reflexión que nos indique cuáles son las principales inquietudes y problemáticas del medio, y así podamos pensar, entre todas, cómo podemos hacerles frente.

A partir de las diferentes miradas, discursos, pensamientos y experiencias , pretendemos tener una visión del camino que está adquiriendo la mediación. 

Cada una de estas correspondencias se va a poder leer semanalmente en la web del CCESantiago del 8 de marzo al 21 de junio.

¿Eres mediador y quieres participar del proyecto?

Desde el mes de junio y hasta septiembre reflexionaremos sobre los contenidos levantados en estas cartas en un laboratorio virtual abierto a todas las personas interesadas en compartir sus experiencias de mediación cultural, creando entre todas y todos un dispositivo que albergue todo lo conversado.

 

Calendario de publicación

Marzo 2021

Lunes 8 de marzo
Aiskoa Pérez a Ignacia Biskupovic

Lunes 15 de marzo
Ignacia Biskupovic a Yasna Pradena

Lunes 29 de marzo
Yasna Pradena a Jessica Figueroa

Abril 2021

Lunes 5 de abril
Jessica Figueroa a Elena Fernandez-Savater Diaz-Aguado

Lunes 12 de abril
 Elena Fernandez-Savater Diaz-Aguado a Katherine Ávalos

Lunes 19 de abril
Katherine Ávalos a Yolanda Jolis

Lunes 26 de abril
Yolanda Jolis a Julia Romero

 

Mayo 2021

Lunes 03 de mayo
Julia Romero a Jordi Ferreiro

Lunes 10 de mayo
Jordi Ferreiro a Soledad León

Lunes 17 de mayo
Soledad León al colectivo Caput

Lunes 24 de mayo
Colectivo Caput a Jo Muñoz

Lunes 31 de mayo
Jo Muñoz a Emilio Terán

Junio 2021

Lunes 07 de junio
Emilio Terán a Jara Blanco

Lunes 14 de junio
Jara Blanco a Ariel Oyarzún

Lunes 21 de junio
Ariel Oyarzun

 

Ver correspondencias

Imagen realizada por Simón catalán ilustrando la carta de Elena

Madrid, 17 de enero de 2021

Carta de Elena Fernandez-Savater Diaz-Aguado
a
Katherine Ávalos

Querida Katherine, Es posible que esta situación sea extraña para los dos. He de confesarte que no sé a quién estoy escribiendo, pero quiero hablarte como si te conociera, ligera y abiertamente...

«¿No crees que a veces estos
breves encuentros imperfectos
encierran un cuento? (…)».

Emily Dickinson

 

Querida Katherine,

Es posible que esta situación sea extraña para los dos. He de confesarte que no sé a quién estoy escribiendo, pero quiero hablarte como si te conociera, ligera y abiertamente, como si el gesto de escribirte marcara un comienzo, abriera un espacio entre la distancia que nos separa. Te escribo recién levantada, aún dormida, pero algo desvelada.

No tenía muy claro cómo empezar esta carta, pero voy a seguir la estela de Jessica Figueroa y empezar con una mini presentación, para acercarnos un poco más. Me llamo Elena Fernández-Savater, nací en Madrid en 1988 y soy historiadora del arte. Aunque esta primera información no llega a definirme para nada; nunca lo ha hecho. Pero es lo primero que saben los demás sobre nosotros. Qué extraño, ¿verdad?

A lo largo de mi carrera profesional, he ido navegando diferentes aspectos y por diferentes mundos, y esta variedad ha implicado un trabajo continuo de observación y creación de formas de hacer en distintos ámbitos. En los últimos años, mi trabajo se ha enfocado en cuestiones relacionadas con las artes vivas, las ciencias sociales, la mediación cultural y el mundo editorial independiente. Digamos que son mi campo de actuación, placer e interés.  Actualmente, trabajo en el departamento de exposiciones de La Casa Encendida de Madrid como gestora cultural y encargada del programa público. Es un centro social y cultural donde conviven cuatro áreas de actuación: Cultura, Solidaridad, Medio Ambiente y Educación. ¿Has estado alguna vez en Madrid?

Madrid es una ciudad en una transformación constante, y como muchos otros lugares, encontramos que hay más interés en producir capital que en promover una ciudadanía crítica y participativa. Por eso, es tan importante la existencia de espacios como La Casa Encendida, un lugar desde donde repensar el barrio y la ciudad de una manera colectiva y libre, disfrutar, crear, analizar, pensar, intercambiar… un lugar donde reapropiarse de la vida. Porque lo verdaderamente agitador de la cultura es cómo afecta a nuestra forma de expresar, a nuestro lenguaje, a nuestra forma de expandir nuestros actos, a nuestra manera de evolucionar.

Una vez pasada esta primera parte de presentación, me gustaría hacer(nos) algunas preguntas, que de alguna manera siempre han estado presentes en mi andar. Y escribir desde esas dudas e incertidumbres, potenciándolas. Porque, de alguna manera, siempre hay interrogaciones y resistencias que nos transforman.

¿Qué queremos y buscamos como educadorxs? ¿Qué malestares o retos encontramos o encontraremos en los procesos educativos en nuestro papel como mediadoras? ¿Qué tipo de relación tenemos con el arte y cómo transforma nuestra manera de trabajar y actuar?

Supongo que todo proyecto de mediación surge de unas necesidades vitales que queremos priorizar, visibilizar, expandir, y sentimos que es fundamental darles un lugar, un tiempo, un hacer. Esto tiene mucho que ver con la mirada cuidadora de nuestro presente que inventa y construye nuevas sensibilidades. ¿Qué opinas?

De alguna manera, trabajar desde una institución (con sus contradicciones y sus vulnerabilidades) es plantearse de qué manera podemos considerar y repensar el espacio físico como un organismo vivo y activo, y entender al público como un agente fundamental en la réplica, cambio y distribución de las ideas que surjan. De hecho, son estos pequeños gestos los que crean la identidad del lugar. Por ello, me parece importante abordar cada proyecto fuera de lo estrictamente expositivo, creando lenguajes que funcionan a distintos niveles y velocidades, que cada pensamiento sea una evidencia directa del momento, trasladar la importancia al proceso creativo, al presente, al ahora.

La mediación artística es buscar nuevas formas de relacionarnos con el entorno que nos rodea, visibilizar y poner en valor otros formatos, cuerpos y objetos. El cambio, la pausa y la ausencia se convierten en herramientas de trabajo importantes para generar nuevas narraciones, que de una manera casi accidental proporcionen y activen diferentes significados, y muestren otras temporalidades transversales e intermitentes.

Desde que el COVID-19 llegó a nuestras vidas, vivimos días raros y críticos.  Somos cuerpos extrañados, desconcertados, más conscientes de la fragilidad y precariedad que nos rodea. ¿Cómo trabajar desde esta nueva condición? Las instituciones culturales deben convertirse verdaderamente en lugares de encuentro, de cuidado, de aprendizaje, de comunidad. Para ello, hay que dejar espacio al error y al cambio en los discursos que se trabajen. Pensar desde un quebrar, más que desde un construir o reforzar.  Ahora más que nunca, necesitamos una mediación atravesada por la experiencia que nos permita generar lugares reales para la metamorfosis, la alternativa, el anhelo y la crítica. Asumir la mediación como una postura política y hacer de la institución cultural un lugar alternativo para habitar y vivir juntos.

Quizá estas correspondencias sean un buen punto de partida para que surjan diversas opiniones y experiencias que den cuenta de la cantidad de posibilidades a la que nos enfrentamos cuando abordamos una práctica tan mutable como la mediación artística. Yo este año he aprendido más que nunca a trabajar y vivir desde lo incierto y lo impreciso, con intuiciones, que, si bien en muchas ocasiones no son acertadas, otras te llevan a lugares y momentos que sorprenden.

Te contaría más cosas, pero creo que estos pequeños esbozos son suficientes. Sobre todo, es lo que habita mi cuerpo hoy, aquí y ahora. Espero que recibas esta carta con alegría y que continuemos tejiendo experiencias en la distancia.

Para finalizar, me gustaría compartirte un pequeño poema de Alfonsina Storni, llamado Vida. Su poesía me acompañó durante el confinamiento, y aún no me abandona (ni espero que lo haga nunca).

Cuídate mucho. Te mando un abrazo desde Madrid,

Elena

 

Mis nervios están locos, en las venas
la sangre hierve, líquido de fuego
salta a mis labios donde finge luego
la alegría de todas las verbenas.

Tengo deseos de reír; las penas
que de donar a voluntad no alego,
hoy conmigo no juegan y yo juego
con la tristeza azul de que están llenas.

El mundo late; toda su armonía
la siento tan vibrante que hago mía
cuando escancio en su trova de hechicera.

Es que abrí la ventana hace un momento
y en las alas finísimas del viento
me ha traído su sol la primavera.

Imagen realizada por Simón catalán ilustrando la carta de Jessica

Santiago, 08 de diciembre, 2020 

Carta de Jessica Figueroa
a Elena Fernandez-Savater Diaz-Aguado

Estimada Elena: Espero que al recibir esta carta te encuentres bien junto  a tus seres queridos. Hoy, en una noche cálida, me siento a  escribirte esta carta. No sé bien por dónde empezar, quizás  presentándome para ser un poco más cercana. 

Santiago, 08 de diciembre, 2020 

Estimada Elena: 

Espero que al recibir esta carta te encuentres bien junto  a tus seres queridos. Hoy, en una noche cálida, me siento a  escribirte esta carta. No sé bien por dónde empezar, quizás  presentándome para ser un poco más cercana. 

Mi nombre es Jessica Figueroa Neikoleo -soy descendiente del  pueblo mapuche por parte de mi madre-, tengo 38 años y soy madre  de tres niños. Vivo en Santiago de Chile desde que nací y toda mi vida ha transcurrido en esta linda ciudad. En lo  profesional, desde el año 2015 trabajo en el Museo de la  Solidaridad Salvador Allende (MSSA) como mediadora artística,  con distintas responsabilidades, pero siempre en contacto con  las comunidades. El recorrido para llegar al lugar donde hoy  desempeño mi labor profesional ha sido de muchas etapas. 

Desde 2008 soy profesora de Artes Plásticas en Educación  Primaria. Trabajé dos años en una escuela con niños y niñas  entre 7 y 8 años de edad (segundo año de primaria) y luego de  eso decidí volver a la universidad para realizar estudios de  Estética e Historia del Arte. En ese tránsito, pasar de una  labor más bien técnica y de fuertes lineamientos de la  educación formal, a una experiencia de reflexión filosófica,  claramente generó cambios importantes sobre las perspectivas  de los procesos de aprendizaje, las experiencias de vida y la  creación de mundos posibles. Allí descubrí que cultivar el  pensamiento y nutrir las ideas era la manera para potenciar  la creatividad y resolver las cuestiones de la vida, tanto en  lo cotidiano como en lo más trascendental. 

Durante esos dos años de estudios viajé por la literatura, la  plástica, la música, el cine, la fotografía, el teatro y la arquitectura; viajes que sentaron las bases para comenzar a  ver la vida con otros ojos. ¿Has experimentado un despertar  intelectual y afectivo en algún momento de tu formación  profesional o experiencia laboral? 

Ahora que observo mi pasado, me doy cuenta de que haber estudiado esa Licenciatura en Estética fue fundamental para fortalecer la idea de que las artes y la cultura son elementales en el desarrollo humano y que se debe promover desde la primera infancia para nutrir el pensamiento crítico y la libertad. 

Nuestro país, luego de diecisiete años de dictadura cívico  militar, quedó sumido en un sistema neoliberal que profundizó  la desigualdad económica y social, generando un sistema  educativo que ha priorizado el desarrollo del pensamiento  academicista, centrado en los saberes técnicos y prácticos,  por sobre el conocimiento sensible de la vida y las sociedades.  Con este antecedente, inicié mi camino hacia la formación en Derechos Humanos y el año 2014 fue muy importante en este sentido. 

Estando en un período de posnatal de mi tercera hija, me  organicé para estudiar Museología y Pensamiento crítico durante los sábados y un diplomado en Derechos Humanos en la semana. A partir de ahí, comencé a pensar en un proyecto de vida que me motivara a promover el derecho a una educación de calidad y el desarrollo de la cultura. Ese mismo año, tomé un cupo de pasante en el MSSA y descubrí la Mediación. 

Todo se dio al mismo tiempo, como una sincronía donde se  reunieron muchos aprendizajes y referentes, tales como Paulo  Freire con la educación popular; Katya Mandoki con la estética  de lo cotidiano; a Walter Benjamin, con su pensamiento  filosófico y la teoría crítica; a Milton Santos con su  planteamiento de Geografía crítica; a la investigadora y  profesora feminista Patricia Espinosa, entre tantos otros. 

Todos con reconocidos aportes que me han permitido comprender  la experiencia estética y la creación como valores intransables para la humanidad. ¿Cuáles son tus referentes, esos que dialogan en tu memoria cuando debes tomar decisiones  profesionales? 

En Chile aún se discute sobre la participación y el consumo  cultural (palabra que no me representa en lo absoluto). Nos  queda mucho por hacer. Primero, debemos promover la idea de  ejercer el derecho a la cultura, porque de esta manera  se garantiza el acceso universal, la participación efectiva de  las comunidades y acortar las brechas de desigualdad que aún  se registran al alza por estos días. ¿Cuáles son las  discusiones en términos de políticas públicas y culturales en  España? 

Para mí, llegar al MSSA fue un tremendo acierto, ha sido mi  lugar de trabajo y una escuela a la vez. Inicié como mediadora  en salas de exposición junto a compañeras muy generosas y con  ellas fuimos corriendo el cerco de la formalidad que pesaba fuertemente en el museo. La tarea era titánica: preparar un  programa de actividades con cada exposición, establecer  diálogos con las otras áreas, con los o las curadoras y  organizar una agenda para recibir a todos los grupos que lo  solicitaron, y todo lo realizamos en media jornada; no era  fácil. 

Si bien el MSSA se reconoce por su particular origen “la  solidaridad artística con Chile”, con el paso de los años se  había disipado en parte ese mandato; por lo tanto, teníamos  que dar a conocer con más fuerza su acervo y especial colección. 

La población chilena, hasta hace muy poco, no se caracterizaba por ser asidua a los museos; entonces el primer desafío era  promover este espacio como un lugar cercano, amigable y cómodo. Con ese enfoque, la tarea se definió en algo fundamental: mantener siempre un buen trato y de respeto entre quienes estábamos dentro del museo y de igual manera con quienes nos visitan, y esto es importante, porque nuestra realidad está fuertemente marcada por el clasismo y la desigualdad. 

Acá, por mucho tiempo se pensaba que los museos eran temas de  ricos o de entendidos, y eso era lo primero que debíamos  derribar, porque justamente el MSSA se había creado para el  pueblo de Chile y sus trabajadores, y ellos eran quienes se  estaban quedando fuera. Así, retomamos la idea original, pero  el esfuerzo como equipo no era suficiente y debíamos optimizar  los recursos. 2017 fue un año clave. Como área de Programas Públicos,  iniciamos una investigación acción en el Barrio República,  lugar donde habita el museo. El objetivo era conocer y acercar  a los vecinos y vecinas a un museo de arte moderno y contemporáneo, con una historia muy especial que debía ser  devuelta a su pueblo (te invito a revisar la web del museo).

Salimos a las calles a encuestar, con una metodología de  consulta para conocer las ideas e imaginarios que existían en  torno a este museo vecino. Con esa información, comenzamos una  serie de encuentros de escucha mutua, donde la práctica  artística era un medio para abrir la reflexión. A partir de la  Mediación artística, entendida por nosotras como la generación  de espacios de diálogo para la transformación, inclusión social y el desarrollo comunitario -idea muy bien planteada por Ascensión Moreno (2016)-, comenzamos a generar un tejido social que nos permitió crear confianza, afectos y compromiso mutuo con la comunidad barrial. El año 2018, luego de meses de trabajo creativo comunitario, donde pensamos la historia del barrio, su pasado, su presente y su futuro, inauguramos una exposición de co-creación y de curaduría participativa llamada “Haciendo  Barrio”.

Entre los años 2017 y 2019 fue de arduo trabajo, porque mientras se cultivaba la relación con los vecinos, seguíamos recibiendo a los grupos de distintas partes de la ciudad y del país, quienes llegaban a conocer y dialogar en torno a las obras y las exposiciones. Ante tanta entrega, nuestro equipo se fue transformando y fortaleciendo. Nuestras vidas estaban  involucradas con ese tejido que, entre lazos y tramas, seguía  creciendo. Ahí pude comprender las palabras de la investigadora  argentina Silvia Alderoqui: “ser mediadores es ser militantes”, y yo le agregaría “es ser activistas, es un estilo de vida”. 

En este proyecto la institución no quedó al margen; se vio  fuertemente movida en su quehacer; todas las áreas, de un  momento a otro, estaban involucradas. Esa transformación nos llenó de vitalidad, de alegrías, de  desafíos y de mucho compañerismo. Como equipo pequeño  (trabajamos 24 personas en total) hicimos de este proyecto algo grande e importante, porque sabíamos el aporte que significa para el patrimonio de nuestra comunidad. 

En octubre de 2019, la crisis política y social puso a prueba  ese tejido. Ante el fuerte movimiento, nos paralizamos  (emocionalmente) por un día. En lo personal, me sentí cargada  de muchas emociones. El museo, ante la declaración de Estado de Emergencia no abrió sus puertas, pero lanzamos una declaración con un mensaje de compromiso por los Derechos Humanos. Por otro lado, nos acercamos al barrio y a sus organizaciones de base para saber en qué podíamos ayudar. Al paso de las horas, nuestra agenda ya estaba nuevamente armada, el museo se transformaba en un espacio de encuentros para cabildos, asambleas y reflexión en torno a la crisis política y a la nueva Constitución. En esto, la confianza, los afectos y la cercanía del museo con el vecindario fueron fundamentales y, sin duda, esta experiencia hace eco de algo que Nina Simon señala en su libro “The Art of Relevance”, que para ser relevantes, quienes estamos dentro de la institución debemos cultivar un corazón abierto; que dialoguemos con quienes están fuera para otorgar la posibilidad de construir nuevas puertas y ser capaces de decir: los queremos aquí, pero no en nuestros términos, sino que en los de ustedes. Ahí se comprueba que un museo, además de proteger, conservar y compartir conocimientos a través de su colección, también es un espacio para la ciudadanía, para soñar nuevos proyectos y construir nuevas sociedades. 

Hoy vivimos días críticos, desde marzo que estamos con las  puertas cerradas y ha sido drástico, pero aquí estamos,  reinventándonos, más cerca que nunca de las comunidades de  vecinos y vecinas que participan desde 2018 en colectivos de  creación en arte textil, fotografía y huerta urbana. Por otro  lado, seguimos escuchando, dialogando y permitiendo que se  abran nuevas puertas con comunidades de educadores de artes,  con mediadores de otros museos, con comunidades de personas  sordas, con escuelas de niños y niñas y con mujeres de otros  barrios de la ciudad. Todas convocadas a dialogar a través de  la creación, del arte y la cultura. 

La pandemia nos ha regalado muchos aprendizajes y, aunque nos  arrebató un compañero de trabajo muy querido, seguimos  laborando para hacer correr la voz de que el desarrollo de la  cultura y la creación son un bien esencial para la vida humana. 

Te contaría tantas otras experiencias, pero creo que lo escrito aquí es lo que tengo presente en mi memoria y corazón hoy. Espero que esta conversación continúe, que el hilo de las  reflexiones nos permita tejer algo a la distancia. Y si algún  día vienes a Chile, no olvides contactarme, acá tendrás una  compañera para recorrer la ciudad y conversar sobre la vida. Te saluda y envía un fuerte abrazo,

Jessica

Imagen realizada por Simón catalán ilustrando la carta de Yasna

Valladolid, 24 de noviembre del 2020

Carta de Yasna Pradena
a Jessica
Figueroa

Querida Jessica: Es un placer escribir esta carta y compartir contigo un fragmento de las experiencias que he vivido en España y específicamente en Madrid y Valladolid, las dos ciudades en las que me he establecido hace ya cinco años y dos meses.

Querida Jessica:

Es un placer escribir esta carta y compartir contigo un fragmento de las experiencias que he vivido en España y específicamente en Madrid y Valladolid, las dos ciudades en las que me he establecido hace ya cinco años y dos meses. ¡El tiempo ha pasado muy rápido! Y lleno de experiencias y aprendizajes.

Cuando me vine a España, no pensé que estaría tanto tiempo por aquí, pero la serendipia ha hecho lo suyo y aquí sigo construyendo historias. Creo que la última vez que nos vimos fue para la celebración del 18 de septiembre del 2015 en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende (MSSA) que coincidió con mi despedida del museo y de Chile. Trabajamos en el equipo de públicos, que, junto con Ignacia, éramos las “nuevas” del grupo de mediadoras, “mediadoras educativas”, “mediadoras artísticas”, “educadoras de museo”, entre las distintas formas de denominar nuestro rol en ese contexto. Lo comento porque recuerdo que un tema recurrente en nuestras conversaciones era cómo nombrar nuestra labor, según lo que estábamos realizando.

En ese entorno artístico, tan híbrido e interdisciplinario como todo lo que queríamos desarrollar con los diversos públicos que acudían, ¿sigue siendo un tema recurrente definir el rol de mediadoras y darle un nombre? Porque era necesario diferenciarnos de ser “guías de museo”, con el respeto que merece el origen de nuestra labor. Pero aquí, como en otros centros, hacíamos mucho más que comentar una obra, nuestra labor trascendía al sólo hecho de “observar”, transformábamos las obras en medios activos, educativos, reflexivos y dialógicos con los que pretendíamos provocar ciertas transformaciones en las personas y grupos que nos visitaban.

Por cierto, de todo esto ha pasado bastante tiempo y actualmente a la distancia he estado al tanto por las redes sociales de las actividades que han realizado en el museo (MSSA) y me encanta todo lo que han desarrollado. Agregar a eso que he recibido una carta de Ignacia contándome un montón de detalles de las acciones que han estado realizando y me emociona conocer de primera fuente todo lo que han hecho ¡Admiro muchísimo vuestro trabajo! Imagino lo intenso que ha sido durante el período de actividades en los momentos de mayor movimiento en el “estallido social de octubre” en Santiago. Creo que ha sido impresionante la organización que han llevado con la comunidad y toda esa articulación que ha hecho del museo un espacio abierto y democrático para las distintas agrupaciones que quieren comprometerse con la transformación social desde la acción organizada y popular. Y luego, con todo esto de la pandemia, la adaptación a las nuevas condiciones debe haber sido realmente muy difícil. Sin embargo, ustedes abrieron las puertas para una olla común en conjunto con el Comedor Popular Margarita Ancacoy para seguir aportando a la organización popular ¡Qué bueno que un museo se posicione y actúe frente a las demandas sociales! De verdad me ha emocionado muchísimo vuestra labor ¡Felicitaciones! Ojalá que este espacio siga cumpliendo con los objetivos originales del proyecto-museo del “compañero presidente” y que sigan las puertas abiertas para todos y todas las que creemos que el mundo puede ser más justo y solidario.

Volviendo a mi historia en España, te cuento que me vine con una beca para estudiar el Máster de Arteterapia y Educación Artística para la Inclusión Social, estudios interuniversitarios en la Universidad de Valladolid, Universidad Autónoma y Complutense de Madrid. Las clases del máster comenzaban en “la Complutense” por lo cual viví en Madrid los primeros 7 meses. Este primer periodo fue muy significativo e intenso porque no llevaba dos semanas viviendo allí, recién me adaptaba al cambio, y comenzaron las clases con muchas horas presenciales y también mucho trabajo en casa, lecturas, trabajos individuales, trabajos grupales, todos los días 100% dedicada a ello. Sin embargo, me organizaba bien y podía, además de estudiar, dedicarme a explorar la ciudad y todo lo que se podía hacer en Madrid. Por ejemplo, ir al Centro Social Autogestionado La Tabacalera a los talleres de danza Contac_Imprivisación y participar todos los viernes en “jam session” que me hacían muy bien para desconectar un poco la cabeza, conectarme con el cuerpo y el movimiento. Te dejo el enlace de este centro para que le des una mirada, es muy interesante lo que hacen allí, aunque ahora con la pandemia, lamentablemente como otros centros culturales y sociales han permanecido cerrado.

Con esta experiencia de estudios, pienso en lo difícil que se nos hace trabajar y estudiar a la vez, y en lo afortunada que he sido al haber obtenido esta beca para seguir estudiando y profundizando mis prácticas profesionales.

¿Tienes tiempo para realizar estudios o actividades relacionadas con una expresión artística que sean exclusivamente para ti? 

Siguiendo con mis estudios, te cuento que en la Universidad Complutense de Madrid tuve como profesora a Marian López Fernández-Cao, una gran referente que desde este momento en adelante, por sus enseñanzas y propuestas metodológicas, marcó un hito en mi vida a nivel profesional y también a nivel personal. Marian removió íntegramente mis conocimientos y todo lo que yo creía saber, allí pude constatar que lo sabía. Sin embargo, los conocimientos que traía los empiezo a mirar desde otras perspectivas más inclusivas, con enfoque de género crítico y feminista. Algo que en Chile hacía de manera muy intuitiva en mis prácticas como profesora y mediadora, a partir de estos estudios, he podido consolidar y entender no sólo desde la práctica, sino también analizando la teoría para repensar la transdisciplinariedad de las artes en los diversos espacios socioculturales en los que se desarrolla con un fin social, educativo y político. Sin duda, todo esto marcado por la inclusión como hilo conductor y, principalmente, la visibilización de las mujeres excluidas por la historia “oficial”. Dicho de otro modo, desde una perspectiva de igualdad para las mujeres en relación con los privilegios históricos que han pertenecido a los hombres. 

Marian López, además de visibilizar a otras mujeres a través de sus biografías, nos invitaba a visibilizarnos y reconocernos a nosotras mismas. Mirar nuestras experiencias como mujeres desde una óptica investigadora, tomando como recurso la autoetnografía. Ella nos motivaba a reconstruir nuestra historia desde una perspectiva feminista, dejando de lado el androcentrismo para construir una nueva historia en la que aparezcamos y se nos sitúe en el lugar histórico como nos corresponde. Esta experiencia personal de reencuentro conmigo y mi condición de mujer migrante, lejos de la tierra de origen, de la familia, de las amigas y los amigos, me hizo reconocer mi valentía y la capacidad que tenía para poder transmitirla posteriormente a otras mujeres que han reconocido sus opresiones para poder cambiarlas y sentirse bien con ellas mismas. La canalización artística que hice de este proceso ha sido mi reencuentro con lo performativo. 

Mis palabras clave: empoderamiento, conciencia de género

Al mismo tiempo que Marian López imparte clases, investiga, y una de sus investigaciones que más me ha llamado la atención ha sido el proyecto Madrid, la ciudad de las Mujeres, que tiene como objetivo visibilizar a las mujeres que convergen en Madrid y que se mueven en distintos lugares de la ciudad en los que han construido sus historias y cómo han aportado desde las diversas actividades que desarrollan. Te comparto el enlace del proyecto para que puedas indagar con más profundidad en qué consiste este interesante trabajo:  https://www.ucm.es/divercity/noticias/presentacion-de-la-aplicacion-movil/itinerario-madrid,-ciudad-de-las-mujeres

Con esta visibilización de las acciones y el aporte que han hecho las mujeres en los territorios en los que han vivido, pero que han sido invisibilizadas a lo largo de la historia, me inspira escribir el clásico eslogan:

¡Si nosotras paramos, el mundo se para!
Y agregaría ¡Si nosotras no aparecemos, la mitad del mundo es invisible! 

Antes de continuar, te dejo algunas referencias que para mí han sido muy significativas en esta experiencia; son algunos libros de Marian que quiero compartir contigo. Me siento un poco “fan” de esta profe, pero sus enseñanzas han calado profundo en mi forma de ver la vida. Por cierto.

¿Tienes a una mujer como referente en tus prácticas profesionales o en tu vida cotidiana? ¿Qué características tiene ella para ser tu referente? ¿Con qué palabras clave la relacionas? ¿Con qué libros u obras la vinculas?

Voy con los libros:

Libros de Marián López Fernández-Cao
Mulier me fecit. Hacia un análisis feminista del arte y su educación.
Para qué el arte: Reflexiones en torno al arte y su educación en tiempos de crisis.
El hilo de Ariadne: Intervención con migrantes a través del arte.
Éxodos: artistas migrantes e inclusión social: Actividades para educadores.

Mis palabras clave: Mujer, igualdad, feminismo, migración, inclusión, educación, artes, transdisciplinariedad, vinculación con el medio social

Continuando con los estudios que he venido a realizar, te cuento que las clases continuaron en la Universidad de Valladolid. Aquí, luego de cursar y aprobar todos los módulos, elegí realizar las prácticas en el Área de Investigación y Educación del Museo Patio Herreriano de Arte Contemporáneo de Valladolid. La experiencia en este Museo se me hacía bastante familiar por los trabajos en centros culturales y museos que había desarrollado en Chile, en los que normalmente se ofrece una serie de actividades dirigidas a los distintos públicos y niveles educativos. Sin embargo, en el Patio Herreriano tuve la posibilidad de participar en propuestas educativas que promueven la inclusión no sólo dedicando y adaptando una visita guiada a un grupo específico, sino que desarrollaban actividades “con” los grupos. Uno de los colectivos con los que trabajé fue el del programa “Arterias con locura”, un proyecto de inclusión entre el Hospital Universitario Río Hortega de Valladolid, específicamente el Centro de Intervención Comunitaria (CIC), que atiende a un grupo de usuarios y usuarias con malestar psíquico en conjunto con el área de Investigación y Educación del Museo. El objetivo de este programa era mostrar las capacidades creativas artísticas de las y los usuarios, visibilizar la realidad de los problemas del malestar psíquico y terminar con los prejuicios hacia estas personas.

¿Conoces algunos programas de mediación creados para y por personas con malestar psíquico o en riesgo de exclusión en Chile y que utilicen las artes como medio de inclusión? ¿Cómo se organizan? ¿Dónde están?

En ese programa trabajé durante 10 sesiones como acompañante de las y los usuarios del CIC. En este período colaboré en el proceso creativo del nuevo número del fanzine “Arterias con locura” que realizó una edición especial de forma manual y que se acerca a un formato estético más parecido a los fanzines originales tomando como recursos la fotocopia, escritura de textos hechos a mano, técnicas de collage, pintura, entre otros. Te dejo estas fotos que hice de algunos fragmentos del fanzine. Si las acercas, hay una frase que dice: “El mundo está loco, pero el diagnóstico me tocó a mí” ¿Qué te parece? A mí me parece una frase digna para la reflexión. 

Paralelamente en el Área de Investigación y Educación del Museo, se desarrollaba Arte en Acción, un proyecto pedagógico en torno a la interdisciplinariedad de las prácticas performáticascreado en conjunto con la Escuela Superior de Arte Dramático de Castilla y León. Aquí te dejo el enlace para que puedas conocer el proyecto: https://museoph.org/publicacion/arte-en-accion

En este programa participé en la creación de una performance que realizamos en conjunto con un grupo de compañeras, llamada “Círculo de seguridad” que hablaba sobre la ciudad y la relación de nuestros cuerpos con los diversos espacios urbanos, nuestros miedos, los vínculos con las personas, el entorno social y natural. Te comparto un par de fotos que nos hizo una amiga el día de la presentación. Esto se realizó en el contexto del Día y Noche de los Museos.

Luego de esta experiencia performativa, he participado en otras creaciones (performance) relacionadas con temáticas de género y reivindicación de los derechos de las mujeres.

¿Has participado en alguna actividad o manifestación por los derechos de las mujeres usando un medio artístico?

Continuando con mis prácticas, además de colaborar en los programas educativos y de inclusión que ya existían en el museo, tuve la posibilidad de proponer dos proyectos para trabajar con dos grupos de mujeres. Por una parte, con un grupo de mujeres refugiadas de la ONG ACCEM de Valladolid, una organización dedicada a mejorar las condiciones de vida de las personas y colectivos de refugiados y refugiadas, migrantes y personas en situación o riesgo de exclusión social. Y por otra, con mujeres víctimas de violencia de género de la Asociación de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales y Malos Tratos, ADAVASYMT. El proyecto con esta agrupación continúa luego de haber finalizado mis prácticas, porque más adelante desarrollamos, en conjunto con las psicólogas del centro, una propuesta de intervención arteterapéutica que posteriormente se convertirá en mi Trabajo de Fin de Máster, TFM.

Con la agrupación de mujeres refugiadas de la ONG ACCEM vinculamos las exposiciones del Museo, específicamente las obras en las que aparecían cuerpos de mujeres, con dinámicas grupales para activar la expresión corporal creativa, articulando el cuerpo, el espacio, las emociones y las relaciones interpersonales a través de las artes visuales. Mi rol en esta propuesta fue el diseño, planificación y ejecución de las actividades del grupo, considerando en primera instancia las necesidades e inquietudes de las mujeres que participaban. Primero, nos reunimos para indagar sobre esos requerimientos, para luego trabajar sobre ello de manera activa.

En la Asociación de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales y Malos Tratos, ADAVASYMT, realizamos una intervención arteterapéutica de 12 sesiones en las que el dispositivo creativo era la performance como medio artístico, sociopolítico, reivindicativo y terapéutico, dirigido a un grupo de mujeres usuarias de la Asociación. El resultado de este proceso fue el desarrollo de mi Trabajo de Fin de Máster (TFM), lo que en Chile sería una tesis de máster, titulada La performance como instrumento de inclusión y transformación de mujeres supervivientes de violencia de género, que luego se convertiría en un artículo que hemos escrito con Sofía Marín Cepeda, y que ha sido aceptado como artículo en una revista científica para ser publicado el 2021. Abajo te dejo una foto del grupo el día de la performance y el enlace de la revista en la que publicarán nuestro artículo.

Mis palabras clave: Performance feminista, reivindicación, sororidad, manifestación

Esta experiencia marcó todo lo que he seguido desarrollando en mis estudios, en mis creaciones artísticas y en mi vida personal. Fue un proceso realmente significativo porque además de todo lo que aprendí metodológicamente, el contacto con mujeres supervivientes de violencias contra ellas por el sólo hecho de ser mujer y la valentía que tuvieron para denunciar y asumir un proceso judicial y terapéutico para sanar, me hizo ver la necesidad de seguir interviniendo e investigando en la prevención de la violencia de género. Esto ha dado origen a los estudios que estoy realizando actualmente en la Universidad de Valladolid, en el doctorado de Investigación Transdisciplinar de Educación, con la tesis El Teatro Aplicado para la prevención de la violencia de género y la promoción de la igualdad en el ámbito educativo, con la directora Rocío Anguita Martínez, una profesora feminista, muy activa políticamente, que ha apoyado mi investigación hasta el punto de que hemos conseguido un contrato predoctoral hasta terminar mi tesis. Mi investigación es un estudio de caso que hemos realizado en un Instituto público de Educación Secundaria (IES) en Valladolid, en el contexto de estudios de Formación Profesional (en Chile, lo similar a estos estudios es el Liceo Técnico-Profesional) en la especialización de Promoción de la Igualdad de Género, en la que han realizado una performance teatral que pretende concienciar a los y las estudiantes en la prevención de la violencia de género y la promoción de la igualdad.

¿Existe algún curriculum educativo en Chile que presente algo parecido a este módulo de promoción de igualdad de género?

Y para ir finalizando, creo que el mayor aprendizaje que he tenido en estos cinco años en España, en el contexto de estudios y mi participación en algunas instituciones educativas y socioculturales, es que la mayoría de los proyectos se han llevado a cabo en colaboración entre las organizaciones y las personas que participan, que, en muchos casos, se siguen reuniendo de manera independiente para continuar con lo que comenzaron en los proyectos. Crean redes de trabajo y de apoyo mutuo. Es posible que yo vea esto porque la ciudad en la que estoy es más pequeña que Madrid y Santiago, entonces es más fácil visualizar estas acciones. En relación con esto: 

¿Conoces alguna otra agrupación, a parte de las que has trabajado en el MSSA, que a partir de una experiencia en un museo u otra institución cultural hayan continuado su trabajo de forma independiente? ¿Cómo se han organizado?

Y refiriéndome a las instituciones, he visto claramente que, entre las universidades, los colegios, institutos, centros cívicos, museos, hospitales, ONG, dan mucha importancia a la colaboración entre ellas, la retroalimentación de conocimientos, la articulación de estrategias de apoyo entre las diversas formas de trabajar, interactuando desde un lenguaje artístico hacia una sociedad que necesita una transformación participativa, colaborativa y comprometida con los cambios sociales.

Finalmente, querida Jessica, espero que todo esto que te he contado sea una retroalimentación para ti como profesional y como mujer creadora. Para mí ha sido muy bonito escribir esta carta porque además de recordar todo lo que he hecho y aprehendido aquí, comparto de una u otra manera mis experiencias y me hace ilusión pensar que estas se puedan adaptar, rehacer y propagar en los diversos contextos socioculturales en Chile. 

Te envío un abrazo y mucha energía en estos tiempos de tantos cambios y adaptaciones a las nuevas formas de relacionarnos. Que las pandemias no detengan nuestros movimientos y ganas de seguir aportando a una sociedad más justa, solidaria y equitativa.

Con cariño para ti.

Yasna Pradena García

Imagen realizada por Simón catalán ilustrando la carta de Ignacia

Santiago, Jueves 12 de noviembre de 2020

Carta de Ignacia Biskupovic 
a Yasna Pradena

 

Querida Yasna: Esta es una carta que quería escribirte hace tiempo. He estado siguiendo tu trabajo y devenires con la mediación artística en el otro lado del mundo, desde que partiste a España a estudiar.

Querida Yasna:

Esta es una carta que quería escribirte hace tiempo. He estado siguiendo tu trabajo y devenires con la mediación artística en el otro lado del mundo, desde que partiste a España a estudiar. La pensé varias veces, sin poder escribirte antes, porque siempre falta tiempo para detenerse a reflexionar y sobran plazos por cumplir (¿habrá que revisar eso también?). Cuando Aiskoa me invitó a participar en esta correspondencia, y me preguntó por alguna mediadora que trabajara en España, pensé en ti sin darle vueltas.

Entramos a trabajar juntas en 2015 al Museo de la Solidaridad Salvador Allende (MSSA), meses antes de que ganaras la beca de estudios. Recuerdo cómo tuvimos que aprendernos de memoria algunos textos oficiales para hacer recorridos conversados según el guión preestablecido, sin salirse mucho de la planificación, de los objetivos generales y específicos, o de las horas pedagógicas. Me acuerdo de las conversaciones después de cada visita, de las buenas y de las no tanto. Qué había salido bien, qué cosas fueron incómodas, o qué había que cambiar, pero, sobre todo, nos preguntábamos qué tan conectada estaba nuestra labor con el quehacer de profesoras y profesores, o de la realidad e intereses de los y las estudiantes, lejos del aura de la obras de arte resguardadas en cuidadas exposiciones. Aun así, recuerdo recorridos que hicimos juntas en los que se dieron profundas conversaciones donde también, gracias a tu experiencia en el teatro, exploramos otras estrategias pedagógicas y artísticas a partir del cuerpo, la performance y los juegos. Algunas conversaciones terminaron con unas cervezas heladas por ahí después del trabajo, para seguir hablando de lo que estábamos haciendo como mediadoras. De preguntarnos acerca de las rígidas estructuras de la educación formal que tanto nos hacían ruido y, sin embargo, se hace tan difícil dejar de replicarlas en el contexto museo.

Creo que perseverar en ese inconformismo, junto al trabajo que hemos desarrollado como equipo en el MSSA, nos ha permitido explorar varias formas de entender la mediación artística. Desde 2018 trabajo como encargada en un nuevo programa en el área Programas Públicos, que se implementó a raíz de Haciendo Barrio, una exposición co-creada con vecinos y vecinas del barrio República (donde se ubica el museo) ese año en el MSSA. Empezamos a prepararla un año antes, a través de una serie de encuentros y talleres artísticos abiertos a la comunidad durante meses. Nos reuníamos después del cierre a público para habitar e imaginar nuevos vínculos con el barrio y el museo. También salimos varias veces a la calle todas juntas como equipo, desde mediadoras -nosotras- hasta la coordinadora, provistas de un carrito, mesas, sillas, guirnaldas y talleres incluidos (de pronto, una se transforma en un ekeko de tanto acarrear cosas. ¿Les pasa lo mismo allá a ustedes?), con el propósito de conocer a pie nuestro barrio y las personas que le dan vida.

Antes de finalizar la muestra, se nos acercó un grupo de vecinas y vecinos para manifestarnos su interés en continuar con los encuentros y talleres en el museo. Por una parte, quedé sorprendida al dimensionar lo importante que había sido para varias personas -incluyéndome- la práctica habitual de juntarse en el museo a compartir a través de la creación colectiva; pero, por otra parte, me pareció que era algo esperable y, sobre todo, un buen augurio. Y una tremenda responsabilidad.

Las artistas ya habían cerrado sus talleres y finalizado sus respectivos contratos. El dinero del fondo público que permitió financiar el proyecto había sido debidamente rendido y no teníamos presupuestado estos talleres en la programación de ese año que empezaba. Hicimos asambleas con las personas interesadas para decidir qué grupos mantener y qué esfuerzos comunes hacer para proyectarlos en el tiempo. Así, continuamos con textil y fotografía, e implementamos una pequeña Huertoescuela en el antejardín del museo. A falta de dinero, había mucho entusiasmo por profundizar en los nuevos conocimientos compartidos. ¿Y si ahora eran las y los participantes quienes facilitaban nuevos talleres abiertos a la comunidad? Puse a disposición mi experiencia como mediadora para apoyarles en la implementación de estas actividades que se levantaron de cada grupo, y así fue como surgieron los primeros talleres gratuitos gestionados con vecinos y vecinas en el verano de 2019.

Fueron buenos talleres. Recuerdo con cariño cómo la mansarda del museo una tarde se inundó del ruido de casi una docena de máquinas de coser durante el taller de introducción a la costura, facilitado por Saña Textil, que en ese momento participaba del grupo. Hasta se nos cayó la electricidad un par de veces. Carla, vecina y textilera, realizó un taller de ilustración textil, que planificamos juntas desde el inicio, donde las participantes trabajaron en retratos que obtuvimos calcando nuestros rostros en micas transparentes. Con el grupo de foto nos quedamos una noche para experimentar con tomas de larga exposición y, otras tantas, nos visitaron artistas o curadoras. Paralelamente, en el exterior del museo construimos camas de cultivo para hortalizas y plantas medicinales, que esperamos hacer crecer en el antejardín del museo.

A pesar de lo bien que lo pasamos en esos encuentros, y de lo mucho que aprendimos junto a vecinos y vecinas acerca de otras formas habitar un museo, esta experimentación no fue fácil. Más allá de las jornadas de trabajo que empezaron a extenderse en horas extras, creo que no siempre se entendía dentro de la institución este nuevo vínculo con la comunidad. O al menos no lo entendíamos de la misma manera. Por ejemplo, en un principio hubo quienes consideraban necesario hacer una distinción en los talleres facilitados por la misma comunidad y los talleres hechos por artistas profesionales, de manera que los primeros no llevarían el nombre de “taller”, sino que otra cosa, como “encuentro”, para hacer notar esa diferencia. Felizmente, luego de discutirlo, esa idea no prosperó y los talleres llevaron el nombre que merecían. Diseñamos afiches para invitar a nuevas personas a participar e indicamos en la convocatoria que eran talleres gratuitos facilitados por vecinos y vecinas, abiertos a la comunidad barrial y a todas las personas que desearan participar. Tuvimos buena convocatoria, lo que nos permitió conocer otras personas que sumaron nuevas miradas al trabajo de huerta, foto y textil. Esa apertura, además de reconocer el mismo valor, tanto en el trabajo de artistas profesionales como el de la comunidad, permitió afianzar los lazos de afecto que habíamos empezado a hilvanar tiempo atrás. Hoy, a mediados de este inusual 2020, se cumplen casi dos años desde los primeros talleres que empezamos a ensayar juntas y que se mantienen hasta hoy.

Al asumir como encargada de Vinculación con el Territorio, me sumé activamente al quehacer del grupo de Textil, que siguió trabajando a pasos agigantados. Pasaron a entenderse a sí mismas como un colectivo al alero del museo, al que llamaron Textileras MSSA. Actualmente es un grupo heterogéneo de mujeres, de distintas edades, que se organiza en torno a la recuperación del tejido social mediante los oficios textiles que comparten cada vez que salen a la calle a marchar con sus lienzos, o a hacer talleres abiertos a la comunidad con el apoyo del museo. Este crecimiento vertiginoso ha significado también buscar diversas formas de sostener este trabajo en el tiempo, sin descuidar el trato respetuoso con la comunidad, sus ritmos y sus intereses. En el caso de las Textileras, por ejemplo, a mediados de año ganamos un fondo público que nos permitió invitar a artistas a hacer nuevos talleres, así como remunerar los talleres realizados por ellas mismas. También pudimos adquirir nuevos materiales, incluyendo (el sueño de) la máquina de coser común.

La revuelta social de octubre 2019 nos encontró en esa búsqueda de nuevas actividades co-creadas en los ahora consolidados programas de Textileras MSSA, Brigada Fotográfica Barrio República y Huertxescuela.

Lo que pasó después en Chile se supo en todas partes. Empezó como evasiones masivas en el metro de Santiago, lideradas por estudiantes secundarios en solidaridad con sus familias afectadas por un alza en el precio del pasaje del transporte público, y ha devenido en multitudinarias protestas en distintas ciudades del país, donde nos manifestamos por una sociedad más digna basada en el reconocimiento de derechos fundamentales que no pueden ser vendidos. Las grandes concentraciones derivaron en huelgas generales que fueron violentamente reprimidas por la policía y hubo disturbios en distintas partes de las ciudades. Santiago se paralizó por unos días y, obviamente, los museos cerraron indefinidamente.

Pasaron unos días antes de poder reunirnos como equipo del MSSA para resolver qué hacer. Existía el deseo de abrir el museo como un espacio de ayuda a la comunidad, pero no sabíamos muy bien cómo. En eso, contactamos a la nueva Junta de Vecinos que había asumido hace poco más de un mes. Conseguí su teléfono gracias a una de las Textileras y los llamamos. A poco más de una semana del estallido social se realizó en el museo el primer Cabildo del barrio República, un encuentro convocado por la misma comunidad para debatir abiertamente sobre la situación país y sus implicancias en el territorio. Desde ahí surgieron decenas de actividades y otros cabildos organizados por la comunidad con el apoyo del museo. No solamente facilitamos los espacios del MSSA, sino que también participamos de varias de las actividades y propusimos otras cuantas. La organización barrial se multiplicó y surgieron nuevos colectivos con los que tejer nuevos lazos de colaboración, como la Asamblea Autoconvocada del Barrio República, con sus más de doce comisiones, como Autoformación, Niñez o Pueblos Originarios.

Por su parte, las Textileras llevaron sus talleres a la plaza del barrio e hicieron un llamado a la comunidad a expresar, a través de los hilos y las agujas, sus ideas y sentimientos durante los días de revuelta social. Dedicamos varias tardes de sábado a la creación de un gran lienzo textil con los bordados que cada persona realizó. Con Huertxescuela seguimos la iniciativa de las Textileras de salir a la plaza, y realizamos un taller de medicina natural para el autocuidado, en el que preparamos ungüentos y otros productos a base de hierbas que repartimos entre las personas que participaron, mientras que la Brigada Fotográfica salió a registrar los rayados de protesta que aparecieron en los muros y en las calles en el barrio.

En suma, desde el 24 de octubre de 2019, día que se realizó el primer cabildo del barrio República, al 31 de enero de 2020, cuando celebramos un Malón comunitario y constituyente, realizamos alrededor de 30 encuentros y talleres coorganizados con la comunidad vecinal. En estas iniciativas participaron cerca de 2.000 personas, de un total anual de 10.400 visitas presenciales ese año. El compromiso entre las personas que estábamos ahí era cada vez mayor. Las organizaciones barriales nos hacían llegar completas propuestas de actividades para realizar en el museo. Eran tantas, que teníamos que decidirnos por algunas y, aún así, teníamos varias actividades por semana que ocuparon nuestra agenda durante tres meses, mientras muchos museos continuaban cerrados.

Estoy convencida de que toda esa intrincada red de creación y afectos que iniciamos nos ha mantenido juntas durante el confinamiento que vivimos gran parte de este 2020. Con los tres programas diseñamos actividades a distancia, gracias a la exploración de todas las tecnologías a nuestro alcance y la necesidad de acompañarnos en momentos de crisis e incertidumbre. Las vecinas y los vecinos me enseñan permanentemente a trabajar de manera colectiva, mientras intento poner a disposición todos mis conocimientos tecnológicos piratas para no dejar de encontrarnos desde el hacer. Con las Textileras hemos terminado recientemente la Nueva Constitución. Se trata de un libro textil realizado a través de talleres virtuales abiertos a la comunidad, donde cada participante hizo llegar su página para conformar el libro con los derechos fundamentales que debería garantizar esta nueva carta. Porque, con encierro y todo (o quizás, por lo mismo), no quisimos abandonar la reflexión sobre el proceso constituyente que había iniciado la revuelta social de octubre.

En medio de nuestros experimentos con distintas plataformas digitales, que fueron los meses más duros de contagios y muertes debido al Covid-19, se nos acercó un grupo de vecinas para hacer una importante solicitud. Querían trasladar el Comedor Popular Margarita Ancacoy al museo (una olla común autogestionada que surgió para paliar el hambre en plena crisis sanitaria), ya que no tenían un lugar fijo donde funcionar. Si bien había muchas ganas de apoyar la iniciativa, también había mucho temor, sobre todo por las medidas sanitarias. Tuvimos varias conversaciones como equipo, y nos dimos cuenta de que había un grupo de trabajadoras dispuestas a apoyar la iniciativa. Empezamos a ir al museo los jueves y domingos para sumarnos a las labores de las voluntarias: lavar, pelar papas, cocinar, limpiar, subir y bajar escaleras. Una vez más, me vi aprendiendo de la organización rigurosa de las vecinas, pero también de su profunda convicción y solidaridad con el barrio. El comedor funcionó dos meses y medio en el museo, para luego partir otros dos meses más a un centro cultural vecino. En estos momentos se encuentran en un sindicato del barrio, y así se han ido tejiendo nuevas redes de colaboración.

Llegado este punto tengo que hacerte una aclaración: esta es una carta tramposa. Te he contado más de los aciertos que de las dificultades. Esta apertura también ha sido incómoda, porque ha significado hacer las cosas de una forma mucho más pausada y consultiva. Coordinar con distintos colectivos y organizaciones autónomas requiere de horarios distintos, así como conversaciones más largas para decidir qué iniciativas se apoyarán desde el museo, al igual que en qué consiste ese apoyo. Resolver juntas cómo ese trabajo convive con las exposiciones y el resto del quehacer del MSSA, o cuántos recursos y jornadas laborales hay que destinarle. Aunque no ha sido fácil, la importancia del vínculo con la comunidad empieza a ser reconocida por el barrio, pero también por colegas de museos e instituciones culturales, lo que también ha significado un reconocimiento dentro del mismo MSSA.

Quedan desafíos siempre. Cada cierto tiempo me preguntan si es que no estamos haciendo el trabajo que corresponde a otra disciplina u otra institución. Si acaso esto no debería hacerlo la municipalidad o el gobierno local. Si es contraproducente involucrarse tanto con una comunidad, o si estamos evangelizando en nombre del museo. Así que cada cierto tiempo tenemos que insistir en que el trabajo de vinculación con el territorio no arriesga el quehacer curatorial y artístico del museo, sino que lo complementa y enriquece. Que la mediación artística con obras y exposiciones continúa siempre, pero también se retroalimenta de las metodologías participativas que desarrollamos con la comunidad. Y así podemos ver a vecinos y vecinas sumarse a charlas, conversatorios y talleres organizados por otros equipos o áreas de un museo, porque también las sienten un poquito suyas.

Lo bueno de todo esto, es que no estamos inventando nada nuevo. Cuando el cansancio pasa la cuenta volvemos a los escritos de Mário Pedrosa (1960) -uno de los fundadores del MSSA en 1971- y su idea de museo como casa de experimentos, en la que las obras son esas acciones experimentales de participación, juego y creación compartida. Nos encontramos con nuevas constelaciones de artistas y colegas de distintos contextos y latitudes que ya han trabajado en esto tantas veces, de tantas formas. Como el colectivo artístico austríaco WochenKlausur (1994) que invita a distintos miembros de la comunidad a discutir a bordo de un bote en un lago Zurich sobre complejos problemas que los dividen, como la precariedad de las trabajadoras sexuales asociada al consumo problemático de drogas. O el Museo Mapuche de Cañete en el sur de Chile, que sirve de abrigo a activistas mapuche que son perseguidos por la policía que, incluso, intentó incendiar el museo como represalia. Frederico Morais y los Domingos da criação (1971) en Brasil, entre Tropicalia, los Parangolé de Helio Oiticia y las performances abiertas a la comunidad que se hicieron en el Museo de Arte Moderno de Río, durante la dictadura militar.

Aquí sumamos entonces otro documento -una carta- a este mapa de trabajadoras demasiado optimistas, o bien, pesimistas al servicio de la vida, parafraseando al escritor bosnio Ivo Andric.

Un abrazo grande, tu amiga
Ignacia

Santiago, 27 de octubre de 2020

Carta de Aiskoa Perez 
a Ignacia Biskupovic

Hola Ignacia ¡Qué emocionada estoy de dar inicio a estas correspondencias! De igual forma, siento que nuestro diálogo no comienza con este intercambio ...

¡Hola, Ignacia!

¡Qué emocionada estoy de dar inicio a estas correspondencias! De igual forma, siento que nuestro diálogo no comienza con este intercambio, se inició hace tiempo gracias a nuestras prácticas y a los distintos caminos que hemos ido abriendo con ellas. ¿Cómo podemos ahora ordenar estas ideas y ponerlas en común? En estos momentos en los que todo ocurre a una velocidad fulminante, y está dominado por la oralidad y exterioridad, ¿es posible generar espacios íntimos donde conversar? Para mí, la comodidad del silencio es uno de los principales indicadores de la intimidad. Cuando desaparece la necesidad de decir, el resto de los sentidos se agudizan y puedes concentrarte en conocer realmente a la otra persona. Este silencio se refleja muy bien en la escritura, esta disciplina, te permite dialogar contigo mismo y, cuando el ejercicio es compartido, se convierte además en un ritual que te invita a disfrutar de la imaginación de la lectura y los nervios de la espera. ¿Por qué no experimentar estos ejercicios epistolares entre diferentes agentes culturales de Chile y España?, ¿no sería una interesante manera de conocernos y tratar de iniciar un debate en torno a nuestra práctica y los nuevos desafíos a los que se enfrentan? ¿Y si además cada uno/a decide con quién quiere cartearse? De esta forma la cadena se irá construyendo entre todos y todas y en base a las inquietudes de cada uno/a. ¡Solo de imaginarlo ya me estoy entusiasmando!

Cuando pensaba con quién me gustaría escribirme, me vinieron muchos nombres a la cabeza. ¡Hay tantas personas liderando proyectos interesantes a lo largo de Chile con las cuales me encantaría compartir! Entonces, recordé la visita que hice al MSSA hace algunos años, cuando recién en el CCESantiago estábamos trabajando para crear el área de Mediación y queríamos saber cómo se habían construido estos departamentos en otros espacios. Es ahí cuando lo vi claro: ¡esta carta no podía comenzar por otra persona! Has acompañado el proyecto desde hace muchos años, siendo testigo de sus aciertos y errores. El museo, gracias a vuestros esfuerzos, ha generado un vínculo con la comunidad, transformando incluso la propia institución. ¿De qué manera podemos extrapolar este espíritu al resto de instituciones?

Hace unos días repasaba nuestra web, ccesantiago.cl, y recordaba la pelea que tuvimos para colocar la mediación como un área de conocimiento. Lamentablemente, ¡perdimos la batalla!, y nos colocaron bajo la etiqueta “servicios”. Este gesto se replica en muchas otras instituciones, donde el área de mediación es considerada una prestación a través de la cual atraer visitas, estrechamente vinculada al programa expositivo. Cuando analizamos a colectivos independientes como la Red de Mediación Artística en Chile o Pedagogías Invisibles en España, comprobamos que se puede desarrollar la disciplina como un área de conocimiento en sí mismo, que investiga, experimenta, genera sus propios contenidos y tiene la libertad de imaginar y crear. ¿Por qué esto resulta tan complicado dentro de las instituciones culturales?

Desde el área de Mediación del CCESantiago hemos tenido que hacer malabares entre el sistema de visitas y el desarrollo de una programación propia. Afortunadamente, la dirección del centro ha puesto el foco en la calidad del recorrido, antes que en la cantidad, y por ello podemos hacer visitas personalizadas que permiten explorar el espacio libremente, y donde el enfoque está centrado en la capacidad del objeto de ser reapropiable. Aun así, y sin querer menospreciar estos espacios —que siempre nos enriquecen y están llenos de momentos mágicos— no dejan de ser una acción puntual y sin retorno al campo artístico. ¿De qué manera podemos hacer visible todo lo que se genera en estas visitas? ¿Qué pasaría si la experiencia con la obra fuese una acción prolongada en el tiempo? Con la intención de ofrecer espacios más completos y transversales, comenzamos a crear actividades que partieran de los intereses y aficiones de las personas, para desde ahí poder desplazarnos a otros ámbitos del campo cultural. Gracias a este cambio de enfoque hemos logrado conocer mejor a las personas que acuden a nuestras actividades y, además, estas han tenido la oportunidad de sentirse parte de un grupo. A medida que este modo de hacer adquiría mayor envergadura, nos dimos cuenta de que la viabilidad de este enfoque precisaba de un cambio sistémico dentro de la institución. El centro se convierte en un espacio que se habita, y esto requiere que todas las personas que lo comparten estén dispuestas a trabajar en conjunto.

Gracias a estos ejercicios hemos logrado hacer presente al público y representarlo a la hora de definir los lineamientos institucionales, logrando ampliar las narrativas de estos espacios y demostrando que estas áreas son cruciales en las instituciones.

A lo largo de mi práctica me he cuestionado muchas veces el rol que deben tener las instituciones culturales y concretamente las áreas de mediación. No puedo dejar de preguntarme cómo podemos ser un aporte para las personas; ¿qué buscan cuando se acercan a un espacio cultural o actividad?

Tengo la suerte de trabajar en un lugar, CCESantiago, donde se entiende la cultura como la matriz por donde pasan el resto de procesos. Un espacio en el que se experimenta libremente y se juega con nuestro imaginario colectivo. Bajo esta lógica, los procesos son mucho más importantes que los resultados, el trabajo colaborativo más apreciado que la creación individual, los contenidos tratados y la multiplicidad de narrativas están por encima de la espectacularidad y el impacto en las personas prima sobre las cifras de visitantes.

Con la llegada de la pandemia, mis dudas se han acrecentado todavía más. Si bien desde el mundo cultural rápidamente nos entusiasmamos en trasladar nuestra programación a la virtualidad, ¿cómo trasladamos también nuestras lógicas de trabajo a esta nueva realidad?, ¿cómo habitamos el espacio virtual?
A pesar de haber liderado un proyecto que se desarrollaba de manera online, Pichintún de yerbas desde casa, que, por los datos de participación y visitas web, podríamos valorar como exitoso, la pérdida de contacto con las personas, la individualidad y la frialdad del medio me hacen dudar si ha sido un aporte para todos y todas las personas que nos acompañaban habitualmente. ¿Cómo te planteas las actividades comunitarias desde el mundo virtual?, ¿qué acogida tienen en la comunidad?

¿Cómo crees que ha afectado la pandemia y las medidas sanitarias a la visión que tienen las personas sobre la cultura? Pese a que teníamos todos los contenidos y entretenimientos al alcance de un clic, nuestra forma de relacionarnos con el mundo se ha venido abajo, derrumbando nuestros sistemas de ritos, actitudes y creencias y manifestando que no tenemos herramientas emocionales para enfrentarnos a este desafío. ¿No es esto un indicador de que algo no se estaba haciendo bien?, ¿qué posición debemos tomar ante esta nueva situación? Me viene a la memoria, por ejemplo, cuando presentaste el programa de comunidad del museo donde decidiste justificar el sentido que tenían actividades en torno al huerto, el textil y la comunidad, en el ámbito museístico y dentro del sistema del arte contemporáneo.

¡Qué curiosa ironía de la vida! Ahora esas prácticas, menospreciadas por su falta de productividad o competitividad en el mercado, han servido ya no solo para entretenernos, sino para crear redes de apoyo, que han sido capaces de paliar algunas carencias materiales y simbólicas que ha dejado al descubierto el sistema neoliberal.

Acciones como la confección de mascarillas, los cuidados de los huertos, las ollas comunes, me recuerdan a otros movimientos sociales donde los ciudadanos y ciudadanas se han apropiado de los elementos culturales y saberes populares para lidiar con situaciones de extrema necesidad. No tengo claro si estas acciones serán en algún momento parte del patrimonio museal, pero de lo que no tengo ninguna duda es de que son parte de nuestro imaginario cultural y de que tienen la misma capacidad de reapropiación y de significación que cualquier objeto artístico, con la ventaja de que, además, son capaces de generar nuevos vínculos sociales. ¿Cómo podemos tomarlas como ejemplo para devolver al pueblo el dominio de sus matrices de significaciones?

A lo largo de esta carta he escrito sobre la libertad de nuestras acciones de mediación, al tratar con públicos diversos, las sesiones no se pueden programar y ninguna es igual a la anterior, pero, ¿qué tan espontáneas son nuestras acciones?, ¿qué papel juega en ellas la razón? Si leemos los objetivos de muchas de las áreas, encontramos palabras como reflexión, el pensamiento crítico, los aprendizajes situados, etc. ¿En qué lugar quedan las emociones?, ¿qué pasaría si la mediación no tuviera que cristalizar en nada?, ¿podemos dejarnos llevar por la posibilidad de no ser nada?

Me pregunto si ahora que todo está en transformación y vamos a tener que generar nuevas maneras de relacionarnos, no es el momento de revisar en conjunto todos los ejercicios que hemos estado realizando, independientemente de su resultado y preguntarnos: ¿qué herramientas nos han otorgado para enfrentar este futuro incierto?, ¿cómo ha reaccionado la comunidad ante nuestro trabajo?, ¿de qué manera debemos compartir estas prácticas con nuestros compañeros?, ¿cómo podemos trasladar estos resultados para recuperar la confianza de las personas en la capacidad de la cultura para construir ideas de futuro?

Participan

Aiskoa Pérez Alonso

(Vitoria-Gasteiz, 1986)
Mediadora cultural y diseñadora gráfica. Actualmente es responsable del área de mediación del Centro Cultural de España donde ha centrado su trabajo en la generación de experiencias de mediación con que vinculen a los públicos con las posibilidades que se abren en las prácticas creativas y culturales contemporáneas.

Ignacia Biskupovic

(Santiago, 1987)
Artista visual y educadora. Ha participado en distintas iniciativas que vinculan las artes y la pedagogía crítica. Actualmente, es encargada del programa Vinculación con el Territorio del Área Programas Públicos en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende, donde explora la mediación artística orientada al desarrollo comunitario.

Jessica Figueroa Neikoleo

(Santiago, 1982)
Licenciada en Educación con Mención en Artes Plásticas (PUC) con estudios en Estética, Museología y Derechos Humanos. Actualmente es estudiante de Magíster en Cooperación Internacional y Políticas Públicas para la Agenda 2030 y trabaja como Coordinadora de Programas Públicos y encargada de Mediación en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende.

Yasna Patricia Pradena García

(Santiago, 1975)
Máster en Arteterapia y Educación Artística para la Inclusión Social en la Universidad de Valladolid.   Actualmente es Investigadora Predoctoral en el doctorado de Investigación Transdisciplinar de Educación de la Universidad de Valladolid y está investigando el Teatro Aplicado para la prevención de la violencia de género y la promoción de la igualdad en el ámbito educativo.

Elena Fernández-Savater

(Madrid, 1988)
Historiadora del arte especializada en arte contemporáneo y cultura visual. Actualmente trabaja como gestora cultural y encargada del programa público en el departamento de exposiciones de La Casa Encendida de Madrid. En los últimos años, su trabajo se ha enfocado en cuestiones relacionadas con las artes vivas, la mediación artística y el mundo editorial independiente. 

Katherine Ávalos

(Chile)
Con formación inicial en teoría e historia del arte, se ha desempeñado como trabajadora de museos, especializándose en educación y arte contemporáneo. Actualmente es coordinadora de la Unidad de Educación del MAC y forma parte del Cineclub San Borja. Parte de esta trayectoria ha sido la combinación entre investigación artística, educación, museología y filosofía como enfoque estratégico en el horizonte de transformación social.  

Yolanda Jolis

(España)
Licenciada en Historia del Arte por la UB y forma parte del equi- po de Programas Educativos del MACBA desde su creación en el año 2007. Como parte de esta institución participa en el diseño de los distintos programas que se ponen en marcha para los públicos que visitan el museo.

Julia Romero Arancibia

(Buenos Aires, 1983))
Artista y educadora. Es Licenciada en Artes mención Escultura y Magíster en Artes Visuales de la Universidad de Chile. Se ha desempeñado en el ámbito de la educación artística coordinando y creando diversos programas como expresión de políticas públicas en el área. Su desempeño se caracteriza por instalar la entrecha relación arte-vida y la idea del artista como un activista dentro de la comunidad que promueve la reflexión y el empoderamiento.

Jordi Ferreiro

(Barcelona, 1982)
Artista y educador. Su trabajo explora el concepto de mediación institucional y cómo el arte puede ser una herramienta para intervenir y cambiar los espacios burocráticos responsables de administrar el conocimiento, construir lo que entendemos por cultura y regular nuestra forma de comprender el mundo.

Soledad León

(Chile)
Formación de Audiencias en el Centex

Colectivo Caput

(Chile)
Colectivo de arte, que busca poner en movimiento la educación desde procesos transdisciplinares y contemporáneos, con una pedagogía experimental y una metodología colaborativa. 
Este grupo esta formado por Loreto González Barra. Curadora (educación y gestión) de arte contemporáneo y académica Universidad Arturo Prat, y Camilo Ortega Prieto, Artista Visual, educador.
Su línea de investigación radica en las artes visuales con orientación contemporánea y los cruces y/o mixturas que este campo ofrece al área social, educativa y política.

Todo por la praxis (TXP)

(Madrid, 2000)
Colectivo de arquitectos, artistas e historiadores que han puesto en marcha más de cien procesos basados en prácticas colaborativas, procesos participativos, acciones urbanas y agitprop. Sus áreas de trabajo son la arquitectura, el arte contemporáneo, la mediación y coproducción urbana, los procesos de participación comunitaria, el urbanismo táctico, el placemaking, el arte público y político. Plantean otros modos de producción de ciudad desde el desborde de su propia práctica hacia la hibridación estética. Sus integrantes actuales son Diego Peris (Madrid, 1977), Jo Muñoz (La Serena, Chile, 1978), Fidel Villar (Haro,1995), Javier Aparicio (Madrid, 1992) .

Emilio Terán

(Chile)
Licenciado en Artes con mención en Artes Plásticas de la Universidad de Chile. Es miembro de la Red Mediación Artística desde 2013, en donde se ha dedicado a la construcción de esta organización con el fin de difundir y promover este quehacer en sus distintos ámbitos de desarrollo. Actualmente trabaja en la formación de profesionales en esta disciplina y en la conformación de áreas de mediación para instituciones culturales que lo precisen.

Jara Blanco

(Palencia, 1985)
Historiadora de formación y D.E.A en Antropología, se dedica a la investigación y a la mediación cultural a través del diseño e implementación de actividades educativas. Residente en Madrid, trabaja y colabora para diversas instituciones culturales de la ciudad. Actualmente forma parte del equipo motor de la investigación Rehacer y expandir la Mediación Cultural, impulsada por la asociación AMECUM, con el apoyo de la Fundación Daniel y Nina Carasso.

LiquenLab

(Punta Arenas, Chile)
Somos una plataforma creativa y un laboratorio de investigación territorial emplazado en Punta Arenas, con extensiones de agrupaciones sociales, culturales y de educación en Puerto Natales, Porvenir, Puerto Williams, que busca impulsar proyectos de creación contemporánea, propiciando la relación entre arte, ciencia y naturaleza, utilizando las nuevas tecnologías como medio exploratorios y expresivos. Liquenlab está dividida en distintas áreas a cargo de quienes las integran; dirección general Sandra Ulloa, comunicaciones Lorena Alvarez y producción general María Paz Calabrano, dirección de contenido Nataniel Alvarez, mediación artística Ariel Oyarzun.
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ILUSTRACIONES

Simón Catalan

(Santiago de Chile, 1988)
Artista visual y educador. Actualmente se dedica a facilitar talleres de dibujo y a la creación de narraciones gráficas. Ha participado en diversos proyectos de arte contemporáneo, educación y mediación artística, siendo el dibujo el eje principal de su trabajo.