Bonus track: Carta de Simón Catalán Molina

Fecha

Del 28 de junio al 4 de julio de 2021.

Julio 2021

 

¡Hola a todxs!

Antes de cualquier cosa, quiero decirles que me ha encantado leerles; disfruté mucho conocer sus reflexiones sobre la mediación, la educación artística y el arte como forma de vínculo. A diferencia de las cartas anteriores, supongo que esta carta está dirigida a todxs quienes participaron en esta correspondencia y obviamente a quienes les han estado leyendo durante estos meses.

Cuando Aiskoa me invitó a escribir esta última carta, a modo de “bonus track”, me vinieron miles de ideas a la cabeza, les contaré por qué, pero antes debería presentarme, ¡jejeje! Mi nombre es Simón; yo soy quien ha estado ilustrando sus cartas desde marzo hasta ahora. Tuve la suerte de acompañar sus conversaciones a través del dibujo. Quizás por eso veo tan natural el hilo que se ha formado entre las primeras preguntas de Aiskoa y las últimas reflexiones de Ariel. Fue un desafío enorme pensar sus cartas en imágenes, pero me entretuve mucho dibujando las ideas y preguntas, imaginándome las conversaciones y dimensiones visuales que podía interpretar en sus reflexiones.

Si bien mi rol en este proyecto ha sido desde la ilustración, una de las razones por las que Aiskoa me contactó, es porque hace algunos años vengo trabajando desde la mediación y la educación artística. Me formé como artista visual. Como bien saben ustedes, la precariedad del medio artístico en Chile nos obliga a tener más de un trabajo, a participar de diversos proyectos a la vez, a ejercer más de un rol además de la creación. Ese, por lo menos, fue mi caso y, viendo el vaso medio lleno, me permitió conocer otras esferas del trabajo cultural —que ahora me fascinan— como la gestión, la producción, la educación y, más recientemente, la mediación.

Mediación. Creo que fue en el proyecto “Educar la Institución” organizado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio y dirigido por María Acaso, donde empecé a escuchar esta palabra con más atención. Fue justamente ahí donde conocí a Aiskoa, Jordi y varixs de ustedes. Nos habían invitado a realizar una experiencia artística junto a mediadorxs/educadorxs de diferentes centros culturales y museos de Chile. Digo “nos invitaron”, porque esa experiencia la realizamos con el Colectivo de Arte MICH, colectivo de creación e investigación artística que fue mi gran escuela (¡en todos los ámbitos!) en este mundo del arte contemporáneo. Esa vez realizamos una serie de ejercicios/juegos para conocernos, conversar y compartir a través del dibujo. Y si bien ya les conocía un poco, ese día participaron Carolina López y Jorge Ortiz, que un poco después me introducirían de lleno al mundo de la mediación. Junto a ellxs pude participar en proyectos de mediación en colaboración con el Museo de Arte Precolombino, Fundación Corpartes, Escuela de Arte UC, Cecrea Castro, entre otras instituciones.

Bueno, desde ahí vengo. Creo que era importante decirlo antes de comentarles mis impresiones sobre sus cartas. El estallido social y la pandemia. Eran temas inevitables. Al menos para mí, como lector, lo eran. El movimiento social del estallido fue tan grande que atravesó diversas capas de nuestras instituciones culturales, de nuestras prácticas artísticas y educativas, de nuestras expectativas y deseos como artistas, gestorxs y educadorxs. Leyéndoles, veo la profundidad de este movimiento en sus propias prácticas. Me encanta escuchar cómo desde sus lugares de trabajo pueden involucrarse con las demandas sociales, cómo el museo puede ser más que el lugar donde se exhibe el arte. Bueno, supongo que siempre ha sido esa la intención, pero, en general, hemos estado lejos de lograrlo. Y eso mezclado con la pandemia, que nos quitó (¿o no?) esa cualidad tan importante para la mediación: el estar junto a otrxs, el escuchar, compartir en presencia junto a un grupo. Para muchxs hay que buscar o habitar una nueva forma de estar juntxs a través de la virtualidad, por lo menos por un tiempo, pero me imagino lo difícil que ha sido para ustedes adaptar todas esas propuestas de mediación que fueron pensadas en y para la presencialidad.

En mi caso, no lo tengo muy claro, porque justamente quedé sin trabajo (en el ámbito de la mediación) a comienzos de la pandemia. A finales de 2019 y comienzos de 2021, estábamos desarrollando una investigación sobre mediación artística junto a Jorge Ortiz y Felipe García, ambos compañeros en la fundación en la que trabajábamos. Y muchos de los temas que ustedes han tratado en las cartas fueron también preocupaciones para nuestra investigación. Me gustaría reafirmar algunos de estos temas e intentar dar ejemplos de otros, que espero nos puedan servir para validar ciertas ideas, para establecer puntos en común y para destacar experiencias que para mí son referencia.

Veo que, en casi todas sus cartas, la horizontalidad se establece como una idea fundamental. La horizontalidad a la hora de establecer relaciones entre educadores/mediadores y públicos/comunidades. La horizontalidad que se promueve en las experiencias de mediación, validando los conocimientos, expectativas, historias e intereses que traen los públicos o las comunidades que habitan los espacios culturales. Esta idea de “habitar” me interesa mucho. Creo que es una preocupación común entre artistas, educadores, centros culturales y museos. Estos espacios ya no se conciben tan sólo como centros cerrados que generan (o guardan) conocimiento. También se piensan como lugares que articulan, acogen, movilizan y promueven diálogos y acciones en conjunto con los públicos y comunidades. Por lo menos, se ve que es una preocupación latente.

Siguiendo con esta idea, veo cómo el territorio y las comunidades se han convertido en prioridades para estos espacios. ¡Qué interesante sería que las propuestas curatoriales, los programas de educación y las muestras se articularan aún más con las comunidades que habitan estos lugares! ¡Y qué buenas luces nos traen Ignacia y Jessica con la experiencia del Museo de la Solidaridad Salvador Allende (MSSA)!

En muchas de sus cartas, leo la importancia del diálogo, de los acuerdos, la escucha y el reconocimiento de los públicos como agentes activos. Creo que este es uno de los puntos que nos falta trabajar más, en nuestro contexto me refiero. Y, claro, es muy complejo. Hemos estado acostumbrados, en general, a ser públicos en un rol más pasivo. Y pocas veces nos han preguntado nuestra opinión sobre las líneas curatoriales, muestras o proyectos que se realizan en museos y centros culturales. No estoy diciendo necesariamente que las muestras en los museos las tengan que escoger únicamente los públicos. Pero creo que sería interesante que tanto los públicos, comunidades, artistas, educadores pudieran articular diálogos e involucrarse en los contenidos que levantan museos, galerías y centros culturales. Sé que ya se está haciendo, y que hay varios ejemplos interesantes sobre esto, pero me gustaría destacar uno en particular, porque lo pude conocer de cerca. El proyecto Cecrea3 me parece un maravilloso ejemplo de cómo nos podemos plantear la escucha a partir de la metodología, asumiendo que las comunidades son participantes activas desde el primer momento, incluso en la generación de contenidos, pautas y programas del mismo proyecto. El carácter interdisciplinario, el enfoque de derechos y el empoderamiento a través de la creación son factores que me llamaron muchísimo la atención cuando pude colaborar en el Cecrea Castro.

Y no es sólo la escucha y comunicación con los públicos y comunidades, también es la comunicación interna. Muchas veces los equipos de mediación/educación son la última prioridad para el mismo centro cultural. Pocas veces sentimos que las otras áreas valoran o entienden nuestros proyectos o propósitos. Y, en ese sentido, me llamó mucho la atención cuando colaboré con el equipo de educación del Museo de Historia Natural de Valparaíso el año 2019. En las jornadas en que participé, me di cuenta de que el equipo educativo estaba muy consciente de lo importante que era vincularse con las otras áreas del museo; lo importante que era involucrarles en los programas que realizaban, lo importante de comunicar qué era lo que hacían como área de educación y por qué lo hacían.

Volviendo a sus cartas. Territorio, comunidades, enfoque de género, interdisciplina, horizontalidad, narrativas propias, autogestión, autoconstrucción, estar presente. Veo muchos puntos de conexión entre sus prácticas. Supongo que estos aspectos en común son parte de la esencia de la mediación, si es que hay algo como una esencia o metodología común. Pero también tenemos desafíos o demandas transversales. Obviamente, la virtualidad ha sido una de las más presentes. Lamentablemente no he podido tener la experiencia de la mediación en este contexto virtual, pero sí he continuado con proyectos educativos en estos tiempos de pandemia. Y con la poca experiencia que he tenido, me sigo preguntando las mismas cosas: ¿cómo generar este nuevo estar juntxs desde el espacio virtual?, ¿cómo promover diálogos y articulaciones si no estamos presentes en el mismo espacio físico?, ¿cómo generar las complicidades, confianzas y estímulos a través de la pantalla?

Sé que varixs ya respondieron estas preguntas en sus cartas. Para mí ha sido un aprendizaje lento y difícil. Mucho de lo que sucede en las experiencias artístico-educativas se juega en este diálogo, confianza, apertura e intercambio que ustedes han descrito, y para mí sigue siendo un desafío poder sostener este tipo de espacios. Por lo mismo, les agradezco la manera en que abrieron sus experiencias, nos contaron sus prácticas, sus preguntas, sus desafíos.

Admiro mucho lo que hacen, sobre todo porque trabajamos en un ámbito poco reconocido, muy precarizado, de poca estabilidad, más aún durante la pandemia donde hemos visto cómo se han cerrado los museos, se han cancelado muestras, programas, se ha despedido y/o desvinculado a tanta gente. Espero que todas esas preguntas, reflexiones y certezas que surgieron en la cartas puedan continuar transformando lo que entendemos por educación y mediación artística en cada uno de los museos, centros culturales, escuelas, galerías y gestiones autónomas de las que ustedes hacen parte.

Bueno, como en los mensajes de audio de whatsapp, ya me estoy alargando mucho. Gracias por el tiempo de escrituras y lecturas.

¡Un abrazo a todxs!

Simón Catalán Molina

 

Simón Catalán Molina

(Santiago de Chile, 1988)
Artista visual y educador. Actualmente se dedica a facilitar talleres de dibujo y a la creación de narraciones gráficas. Ha participado en diversos proyectos de arte contemporáneo, educación y mediación artística, siendo el dibujo el eje principal de su trabajo.


CoRЯespondencias es un proyecto de mediación cultural, en el que se comparten experiencias de 15 mediadores de España y Chile a través del intercambio epistolar. 

Semanalmente publicaremos una carta hasta el 21 de junio.

Imagen realizada por Simón catalán ilustrando la carta de Aiskoa

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