Carta de Aiskoa Pérez a Ignacia Biskupovic

Proyecto Correspondencias

Fecha

Del 1 al 7 de marzo de 2021.

Santiago, 27 de octubre de 2020 

 

¡Hola, Ignacia!

¡Qué emocionada estoy de dar inicio a estas correspondencias! De igual forma, siento que nuestro diálogo no comienza con este intercambio, se inició hace tiempo gracias a nuestras prácticas y a los distintos caminos que hemos ido abriendo con ellas. ¿Cómo podemos ahora ordenar estas ideas y ponerlas en común? En estos momentos en los que todo ocurre a una velocidad fulminante, y está dominado por la oralidad y exterioridad, ¿es posible generar espacios íntimos donde conversar? Para mí, la comodidad del silencio es uno de los principales indicadores de la intimidad. Cuando desaparece la necesidad de decir, el resto de los sentidos se agudizan y puedes concentrarte en conocer realmente a la otra persona. Este silencio se refleja muy bien en la escritura, esta disciplina, te permite dialogar contigo mismo y, cuando el ejercicio es compartido, se convierte además en un ritual que te invita a disfrutar de la imaginación de la lectura y los nervios de la espera. ¿Por qué no experimentar estos ejercicios epistolares entre diferentes agentes culturales de Chile y España?, ¿no sería una interesante manera de conocernos y tratar de iniciar un debate en torno a nuestra práctica y los nuevos desafíos a los que se enfrentan? ¿Y si además cada uno/a decide con quién quiere cartearse? De esta forma la cadena se irá construyendo entre todos y todas y en base a las inquietudes de cada uno/a. ¡Solo de imaginarlo ya me estoy entusiasmando!

Cuando pensaba con quién me gustaría escribirme, me vinieron muchos nombres a la cabeza. ¡Hay tantas personas liderando proyectos interesantes a lo largo de Chile con las cuales me encantaría compartir! Entonces, recordé la visita que hice al MSSA hace algunos años, cuando recién en el CCESantiago estábamos trabajando para crear el área de Mediación y queríamos saber cómo se habían construido estos departamentos en otros espacios. Es ahí cuando lo vi claro: ¡esta carta no podía comenzar por otra persona! Has acompañado el proyecto desde hace muchos años, siendo testigo de sus aciertos y errores. El museo, gracias a vuestros esfuerzos, ha generado un vínculo con la comunidad, transformando incluso la propia institución. ¿De qué manera podemos extrapolar este espíritu al resto de instituciones?

Hace unos días repasaba nuestra web, ccesantiago.cl, y recordaba la pelea que tuvimos para colocar la mediación como un área de conocimiento. Lamentablemente, ¡perdimos la batalla!, y nos colocaron bajo la etiqueta “servicios”. Este gesto se replica en muchas otras instituciones, donde el área de mediación es considerada una prestación a través de la cual atraer visitas, estrechamente vinculada al programa expositivo. Cuando analizamos a colectivos independientes como la Red de Mediación Artística en Chile o Pedagogías Invisibles en España, comprobamos que se puede desarrollar la disciplina como un área de conocimiento en sí mismo, que investiga, experimenta, genera sus propios contenidos y tiene la libertad de imaginar y crear. ¿Por qué esto resulta tan complicado dentro de las instituciones culturales?

Desde el área de Mediación del CCESantiago hemos tenido que hacer malabares entre el sistema de visitas y el desarrollo de una programación propia. Afortunadamente, la dirección del centro ha puesto el foco en la calidad del recorrido, antes que en la cantidad, y por ello podemos hacer visitas personalizadas que permiten explorar el espacio libremente, y donde el enfoque está centrado en la capacidad del objeto de ser reapropiable. Aun así, y sin querer menospreciar estos espacios —que siempre nos enriquecen y están llenos de momentos mágicos— no dejan de ser una acción puntual y sin retorno al campo artístico. ¿De qué manera podemos hacer visible todo lo que se genera en estas visitas? ¿Qué pasaría si la experiencia con la obra fuese una acción prolongada en el tiempo? Con la intención de ofrecer espacios más completos y transversales, comenzamos a crear actividades que partieran de los intereses y aficiones de las personas, para desde ahí poder desplazarnos a otros ámbitos del campo cultural. Gracias a este cambio de enfoque hemos logrado conocer mejor a las personas que acuden a nuestras actividades y, además, estas han tenido la oportunidad de sentirse parte de un grupo. A medida que este modo de hacer adquiría mayor envergadura, nos dimos cuenta de que la viabilidad de este enfoque precisaba de un cambio sistémico dentro de la institución. El centro se convierte en un espacio que se habita, y esto requiere que todas las personas que lo comparten estén dispuestas a trabajar en conjunto.

Gracias a estos ejercicios hemos logrado hacer presente al público y representarlo a la hora de definir los lineamientos institucionales, logrando ampliar las narrativas de estos espacios y demostrando que estas áreas son cruciales en las instituciones.
A lo largo de mi práctica me he cuestionado muchas veces el rol que deben tener las instituciones culturales y concretamente las áreas de mediación. No puedo dejar de preguntarme cómo podemos ser un aporte para las personas; ¿qué buscan cuando se acercan a un espacio cultural o actividad?

Tengo la suerte de trabajar en un lugar, CCESantiago, donde se entiende la cultura como la matriz por donde pasan el resto de procesos. Un espacio en el que se experimenta libremente y se juega con nuestro imaginario colectivo. Bajo esta lógica, los procesos son mucho más importantes que los resultados, el trabajo colaborativo más apreciado que la creación individual, los contenidos tratados y la multiplicidad de narrativas están por encima de la espectacularidad y el impacto en las personas prima sobre las cifras de visitantes.

Con la llegada de la pandemia, mis dudas se han acrecentado todavía más. Si bien desde el mundo cultural rápidamente nos entusiasmamos en trasladar nuestra programación a la virtualidad, ¿cómo trasladamos también nuestras lógicas de trabajo a esta nueva realidad?, ¿cómo habitamos el espacio virtual?

A pesar de haber liderado un proyecto que se desarrollaba de manera online, Pichintún de yerbas desde casa, que, por los datos de participación y visitas web, podríamos valorar como exitoso, la pérdida de contacto con las personas, la individualidad y la frialdad del medio me hacen dudar si ha sido un aporte para todos y todas las personas que nos acompañaban habitualmente. ¿Cómo te planteas las actividades comunitarias desde el mundo virtual?, ¿qué acogida tienen en la comunidad?
¿Cómo crees que ha afectado la pandemia y las medidas sanitarias a la visión que tienen las personas sobre la cultura? Pese a que teníamos todos los contenidos y entretenimientos al alcance de un clic, nuestra forma de relacionarnos con el mundo se ha venido abajo, derrumbando nuestros sistemas de ritos, actitudes y creencias y manifestando que no tenemos herramientas emocionales para enfrentarnos a este desafío. ¿No es esto un indicador de que algo no se estaba haciendo bien?, ¿qué posición debemos tomar ante esta nueva situación? Me viene a la memoria, por ejemplo, cuando presentaste el programa de comunidad del museo donde decidiste justificar el sentido que tenían actividades en torno al huerto, el textil y la comunidad, en el ámbito museístico y dentro del sistema del arte contemporáneo.

¡Qué curiosa ironía de la vida! Ahora esas prácticas, menospreciadas por su falta de productividad o competitividad en el mercado, han servido ya no solo para entretenernos, sino para crear redes de apoyo, que han sido capaces de paliar algunas carencias materiales y simbólicas que ha dejado al descubierto el sistema neoliberal.

Acciones como la confección de mascarillas, los cuidados de los huertos, las ollas comunes, me recuerdan a otros movimientos sociales donde los ciudadanos y ciudadanas se han apropiado de los elementos culturales y saberes populares para lidiar con situaciones de extrema necesidad. No tengo claro si estas acciones serán en algún momento parte del patrimonio museal, pero de lo que no tengo ninguna duda es de que son parte de nuestro imaginario cultural y de que tienen la misma capacidad de reapropiación y de significación que cualquier objeto artístico, con la ventaja de que, además, son capaces de generar nuevos vínculos sociales. ¿Cómo podemos tomarlas como ejemplo para devolver al pueblo el dominio de sus matrices de significaciones?

A lo largo de esta carta he escrito sobre la libertad de nuestras acciones de mediación, al tratar con públicos diversos, las sesiones no se pueden programar y ninguna es igual a la anterior, pero, ¿qué tan espontáneas son nuestras acciones?, ¿qué papel juega en ellas la razón? Si leemos los objetivos de muchas de las áreas, encontramos palabras como reflexión, el pensamiento crítico, los aprendizajes situados, etc. ¿En qué lugar quedan las emociones?, ¿qué pasaría si la mediación no tuviera que cristalizar en nada?, ¿podemos dejarnos llevar por la posibilidad de no ser nada?

Me pregunto si ahora que todo está en transformación y vamos a tener que generar nuevas maneras de relacionarnos, no es el momento de revisar en conjunto todos los ejercicios que hemos estado realizando, independientemente de su resultado y preguntarnos: ¿qué herramientas nos han otorgado para enfrentar este futuro incierto?, ¿cómo ha reaccionado la comunidad ante nuestro trabajo?, ¿de qué manera debemos compartir estas prácticas con nuestros compañeros?, ¿cómo podemos trasladar estos resultados para recuperar la confianza de las personas en la capacidad de la cultura para construir ideas de futuro?


Aiskoa Pérez Alonso

(Vitoria-Gasteiz, 1986)
Responsable del área de mediación del CCESantiago. Licenciada en Historiadora del Arte y Técnico Superior en Artes Plásticas y Diseño. Ha centrado su trabajo en la generación de experiencias de mediación cultural que vinculen a los públicos con las posibilidades que se abren en las prácticas creativas.


CoRЯespondencias es un proyecto de mediación cultural, en el que se comparten experiencias de 15 mediadores de España y Chile a través del intercambio epistolar. 

Semanalmente publicaremos una carta hasta el 21 de junio.

Imagen realizada por Simón catalán ilustrando la carta de Aiskoa

 

Más información:

Imagen Simón Catalán Molina

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