Carta de Jara Blanco a Ariel Oyarzún

Fecha

Del 14 al 20 de junio de 2021.

El sol de la primavera entra por la ventana de mi salón, me ilumina la mitad de la pantalla. Estoy acompañada de muchas plantas y de un poco de silencio. El ambiente se va calentando y escribo a un polo contrario que se está enfriando. Esta relación de contrarios siempre me ha atraído… ¿desde dónde me leerás tú?

Barrio de Bellas Vistas, Madrid. Mayo de 2021

Querido Ariel:

Estoy encantada de poder dedicarte tiempo y líneas. En este trayecto, leer las cartas de las compañeras/os ha sido un viaje de ida y vuelta rico en confirmaciones; es decir, comparto muchos cuestionamientos y formas de entender la mediación, a pesar de la distancia física.

Entre todas las cartas, sin duda, ha sido especialmente entrañable leer la carta del Emilio. Me han entrado muchas ganas de abrazarle, de achuchar a su pequeña, de volver a enredar hilos y hacer cosas, y, de algún modo, esta carta puede servir también de invitación y/o de excusa para enmarañarnos tú y yo próximamente, ¿no crees? Porque en esta incertidumbre en que vivimos, siento que no nos queda otra cosa que unirnos cada vez más fuerte entre personas y colectivos diversos… y que no importa lo lejos que estemos. La colaboración nunca falla.

Emilio y yo nos conocimos en Valparaíso en agosto de 2017. Durante una semana trabajamos en el equipo de coordinación/coproducción del encuentro Acción de Borde, Encuentro sobre prácticas de mediación artística y cultural, organizado por Centex, que nos había invitado a traer prácticas de mediación de España a Chile. Compartimos experiencias personales, ejercicios corporales, visitamos espacios culturales de la ciudad y, sobre todo, compartimos mucha conversación. Ojalá hubieses podido estar. Para las compañeras del Centex creo que fue el germen de otros encuentros anuales, del mismo nombre que organizaron a partir de ese momento. Y para nosotras, un punto de inflexión y de aprendizaje único. Tuvimos una cuidadosa acogida y nos volvimos con un sentimiento de gratitud inmenso. Casi cuatro años después, seguimos hablando en multitud de ocasiones de aquellos días. Para mí, fue una experiencia radical de lo que entiendo como un viaje: un proyecto cultural como excusa, un grupo local que te acoge y, de forma acompañada, sientes que viajas a la raíz de ese lugar; es decir, ejerces una mirada crítica y te hacer preguntas al mismo tiempo que se convierten en aprendizajes. ¿No es eso a lo que llamamos mediación? He visto que uno de vuestros proyectos, la Residencia Radicante, sucede en movimiento y sobre el mar. ¿No es esa también una experiencia radical?

Al contarte esta experiencia, quizá te ha sorprendido que te hable en plural. Y sí, es porque en ese proceso, éramos y somos en muchas ocasiones un grupo, AMECUM, Asociación de Mediadoras Culturales de Madrid. En plural, llevamos trabajando desde 2015 por visibilizar la profesión, tejer redes y luchar por defender unas condiciones dignas de trabajo. Seguro que te resuenan estas necesidades que son cuestiones internacionales: la precariedad, como ya se ha nombrado, y la falta de reconocimiento que deriva irremediablemente en lo otro. En este sentido, recuerdo que Emilio nos llevó a conocer el local de trabajo de entonces de la Red de Mediación Artística en Santiago y pudimos debatir sobre estos temas. Por lo que he leído hasta ahora, siguen tan vigentes en Chile como entonces. En su carta me hablaba de la incorporación de nuevas personas a los proyectos y siento que el activismo es eso, un pulso emocionante, pero difícil de sostener y que debe ser renovado con regularidad… y es que, he de confesarte que, si algo he aprendido en estos años como mediadora y activista cultural, es que juntas ¡somos más poderosas!, y que necesitamos de estos espacios comunes para sentirnos legitimadas. Asociarnos para reconocernos, para sentirnos seguras y encontrar ese espacio de cobijo que una profesión como la nuestra precisa. Nos dedicamos a acompañar a públicos, a cuidar de las personas que vienen a nuestras mediaciones, pero ¿y nosotras? Tengo la certeza de que formar parte de una Asociación «gremial» me ha hecho sentir más segura y convencida de mi profesión y también he aprendido lo bonito e imprescindible que es trabajar en colectivo… tal como nos repetimos una y mil veces mi amigo y mediador, Christian, y yo, «es que ya no sabemos trabajar solas», ¡ni queremos! Así que puedo decirte con certeza que mi experiencia como mediadora está atravesada por este vínculo con la Asociación. No obstante, también es importante contarte que a veces siento que es difícil: el sostenimiento del activismo pende del hilo del compromiso común/comunitario, y cuando las condiciones materiales de nuestra práctica son tan frágiles, involucrarse se convierte en un acto de amor incondicional. Pero, claro, toda acción visceral trae una recompensa: después de años de trabajo voluntario, hemos conseguido, por fin, una ayuda económica para poder investigar sobre la profesión, sobre nosotras mismas y es lo que estamos haciendo ahora mismo.

Desde enero, estamos realizando una investigación a tres bandas: por un lado, conversando con agentes culturales para preguntarnos sobre nuestra práctica en este contexto contemporáneo complejo; por otro, coordinando unas formaciones abiertas y, por último, hemos convocado a un grupo de aprendizaje estable. Y Ariel, te diré que ¡está siendo interesantísimo! ¡Tener tiempo para charlar, para compartir y, además, especular sobre nuestro futuro! ¡Qué importante es! Y un detalle, a las formaciones las nombramos como Autoformaciones, y es algo que AMECUM ha intentado fomentar desde sus inicios. Son espacios de encuentro entre pares que pretenden favorecer el conocimiento que hemos adquirido como mediadoras y compartirlo entre las socias. Es un aprendizaje no formal que nos permite reflexionar profundamente sobre lo que hacemos sin depender de academias. Este proyecto se llama Rehacer y Expandir, Nuevas prácticas para un nuevo marco cultural, por si quieres conocer más.

Con todo, esta carta habla desde el optimismo que me caracteriza, pero también necesito hacerlo desde lo que Emilio nombraba miedo por el devenir. Comparto esa idea desde el lugar íntimo y personal que nos hace respirar: me/te pregunto, ¿podremos vivir de esto toda la vida? ¿Qué te parece si nos escribimos dentro de 20 años y nos contamos a qué nos dedicamos?

Os sigo por redes sociales desde hace unos meses y me resulta especialmente interesante vuestro posicionamiento (físico) geográfico, entendiéndolo como un lugar de experimentación. A veces, me siento afortunada de haber decidido asentarse en Madrid (y desarrollar proyectos aquí), porque existen, sin duda, más oportunidades que en el resto del país. ¿Qué opinas sobre esto en tu contexto chileno? Al mismo tiempo, mi interés por los lugares menos centrales me ayudan a imaginar(me) otros futuros… Esta mañana he tenido una mediación en una escuela: nos hemos cuestionado nuestras ciudades y les hemos invitado a viajar a una ciudad Fantástica, irreal, imaginaria a partir de propuestas artísticas contemporáneas ¿Qué futuro nos espera? Siento que en LiquenLab os estáis haciendo este tipo de preguntas. Y eso me conecta directamente con vosotras/os.

Al acabar la sesión, una voz robótica mandaba un mensaje al grupo que comparto también contigo, a modo de despedida:

«Gracias por acompañarnos en este viaje […]. Imaginar el futuro os ayudará a pensar en cómo os relacionáis con la naturaleza y con la alimentación. ¿Cómo has tratado a las plantas hoy? ¿Por qué comes lo que comes? No dejéis de pensar y aprender a cuidar vuestras relaciones eternas con la naturaleza».

 

Un abrazo transoceánico,

Jara


Jara Blanco

(Palencia, 1985)

Historiadora de formación y D.E.A en Antropología, se dedica a la investigación y a la mediación cultural a través del diseño e implementación de actividades educativas. Residente en Madrid, colabora con instituciones culturales como Matadero Madrid, MNCARS, Sala de Arte Joven. Es autora de varias investigaciones colaborativas como Arte y Ciudad. El programa Imagina Madrid como laboratorio de prácticas situadas (2019), encargada por Intermediae; Aprendizajes Móviles, Informe sobre artefactos y recursos didácticos móviles (2018), iniciativa de Fundación Daniel y Nina Carasso y MACBA. Actualmente forma parte del equipo motor de la investigación Rehacer y expandir la Mediación Cultural. Nuevas prácticas para un nuevo marco cultural, impulsado por AMECUM, – Asociación de Mediadoras Culturales de Madrid, con el apoyo de la Fundación Daniel y Nina Carasso.

http://www.lajarab.es/


CoRЯespondencias es un proyecto de mediación cultural, en el que se comparten experiencias de 15 mediadores de España y Chile a través del intercambio epistolar. 

Semanalmente publicaremos una carta hasta el 21 de junio.

Imagen realizada por Simón catalán ilustrando la carta de Aiskoa

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