Cultura popular y simbología floral

Club de plantas oct 2021

Por Helena Bricio

 

A finales de agosto, cuando leí sobre el tema que íbamos a tratar en la séptima sesión de el Club de Plantas, me acordé de una canción que José Padilla compuso desde su estancia en París en un conflictivo 1914. La melodía, entre la habanera y el cuplé, daría vida sonora a las letras de la canción que escribió Eduardo Montesinos, La Violetera. El estreno de esta popular pieza se llevó a cabo en Barcelona con la cupletista Carmen Flores, aunque sería después la actriz Raquel Meller quien lo popularizó en el gran público del teatro. Los ramitos de La Violetera llegaron incluso a llamar la atención del cineasta Charles Chaplin, quien ambientó su película Luces de la ciudad con esta canción.

Lo que, personalmente, me resulta curioso de esta canción, es cómo una flor como la violeta azul  puede atravesar contextos tan dispares: dedicada a unas actuales extinguidas violeteras madrileñas, pero inspirada en las violeteras parisinas, culminando la historia en una película, una zarzuela y dos esculturas en Madrid (dedicada a la famosa vedette argentina Celia Gámez) y en Barcelona (dedicada a Raquel Meller). Además, cuando recuerdo esa canción, también me viene a la cabeza Un ramito de violetas, que compuso Cecilia en España y en Chile popularizó Zalo Reyes, y ¡no dejo de pensar en cómo ese ramo de violetas tiene un significado totalmente distinto al que se refería Raquel Meller!

Este es solamente un ejemplo de los distintos contextos en los cuales las flores atraviesan en las disciplinas artísticas, así que estaba deseando que llegase la sesión del pasado 19 de octubre, una conversación guiada por el Área de Mediación de CCE, quienes se encargaron de generar un espacio en el que el protagonismo lo tenían las propias participantes del club y sus experiencias. En esta ocasión, no hubo personalidades invitadas, así que tenía muchas ganas de conocer cómo a mis compañeras les atravesaban los contextos florales desde distintas partes del mundo y qué relación tenían con la simbología de las flores. El conversatorio nos ofreció una oportunidad para reflexionar sobre su presencia en nuestras vidas, más allá de ser objetos decorativos, y poner en común el valor simbólico que tenían para nosotras y en nuestra cultura. De esta forma, fuimos compartiendo distintos saberes populares en torno a las flores.

El club se inauguró con un fragmento de la película Loreak, que nos llevó a preguntarnos si las flores son solamente flores o existe alguna connotación detrás. Nos dividimos por grupos y en el que yo me encontraba conversamos sobre la relación que se ha hecho entre flores y mujeres, la alegría que da encontrarte flores rotas y revivirlas o incluso los mitos populares frente a la mala suerte que se atrae teniendo flores secas en casa. Pam Lagos, por ejemplo, puso en común que su grupo relaciona las flores también con momentos de alegría y momentos de tristeza. David Portius también complementó esto primero, afirmando cómo las flores pueden llegar a representar el milagro de la vida, la nueva creación o algo que está por venir. Además, añadió que “las primaveras se asocian con las revoluciones, las flores ponen fin al periodo de tristeza del invierno”, algo que Pablo Neruda ya comentaba con su frase célebre “podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera.” ¿No es acaso la primavera una explosión de color o una revolución natural donde los ecosistemas colisionan?

Antes de tener una segunda sesión en grupos, hicimos un pequeño recorrido por la historia simbólica de las flores repasando distintos contextos artísticos como el de los bodegones y las naturalezas muertas. Estos surgen a partir del S XVII y en ellos, por un lado, se exponía el hecho de cortar flores y ponerlas en un jarrón como dominio de la naturaleza y representación de la supremacía humana. Sin embargo, por otro lado, la simbología detrás de las flores marchitas y las calaveras de las Vanidades nos recuerda mediante esa naturaleza muerta que todo es efímero: a pesar de la belleza y la ostentosidad, la muerte siempre llega. ¿Hay alguna flor que te recuerde a la muerte? ¿Qué tipos de naturaleza encuentras en los cementerios que te rodean? ¿Hay algún patrón simbólico que se repita?

También conversamos sobre flores artificiales a través de la obra del artista colombiano Alberto Baraya, quien realiza herbarios, e incluso invernaderos florales, con una característica muy especial: las flores no son naturales. Nuestra colaboradora Andrea Ospina nos explicaba cómo más allá de la parte floral, hay una simbología detrás de estos herbarios que atraviesa el contexto personal del artista, pero también cómo se pone de relieve esos paraísos artificiales y exóticos que migran de un lado a otro: “él dice que por un lado esas flores nos recuerdan a la historia latinoamericana, como que las plantas le dan sentido a ese paraíso artificial que nosotros llevamos de un lado a otro, […] ese deseo de querer tener todo en un solo lugar, las plantas de cualquier lugar del mundo, por siempre, eternas, y por eso comenzamos a hacerlas artificiales.”

¿Crees que las flores artificiales pueden sustituir a las naturales? ¿Tiene alguna connotación en tu cultura tener flores artificiales en casa? Desde luego, eso era algo que en la época victoriana hubiesen podido descifrar, ya que como vimos durante la sesión, en el S.XVIII se popularizó un lenguaje oculto de las flores llamado floriografía. Este medio de comunicación nació en Turquía, y mediante flores variadas y arreglos florales se enviaban mensajes ocultos que no se podían expresar de otra forma creando un idioma único. 

 Le langage des Fleurs  escrito por Louise Cortambert, bajo el seudónimo de ‘Madame Charlotte de la tour (1819)

Así pues, descubrimos que desde tiempos remotos las plantas han tenido un significado muy específico en cada país, en su historia, en su economía… Por ejemplo, si pensamos en la flor nacional chilena, el copihue, podremos percatarnos de cómo ha inspirado leyendas mapuches, su vestimenta y artesanía, y cómo se ha celebrado tanto en la literatura como en la música chilenas, siendo protagonista de textos como “Recado sobre el copihue chileno” de Gabriela Mistral o “Los Copihues”, cancionero popular del año 1916.

Sin embargo, las flores también se han relacionado simbólicamente con el amor y el dolor, y eso bien lo supo Violeta Parra cuando compuso “La Jardinera”. Durante el conversatorio disfrutamos en grupo de esta canción y comprobamos cómo se relacionan distintas flores con significados simbólicos. Por ejemplo, la clavelina roja con la pasión, el corazón y la resistencia; la incertidumbre del amor con deshojar un manzanillón; la rebeldía con los pensamientos, que crecen en invierno; la amapola y el toronjil como sedantes para estar en calma después de una ruptura amorosa, o incluso habla del dolor del amor a través de las espinas de las rosas.

Violeta Parra también asocia su tristeza con la violeta azul, unas flores capaces de calmar el insomnio que la cantante bebería infusionadas en “agüita de violetas” para poder dormir por su mal de amores. Lorena nos comentó que las violetas se asocian con la flor de la humildad a raíz de la tradición cristiana de San Bernardo, siendo adoptada por la Virgen María como representación suprema de la humildad en la tierra. Además, existe la creencia de que regalar unas violetas, ya sea en ramo o en maceta, expresa la lealtad e importancia que damos a nuestro hogar y a nuestra familia. Viene a expresar algo así como “siempre estaremos unidos”.

Por todas estas simbologías y relaciones culturales, queríamos dar un paso más entre nosotras y construir entre todas un herbario simbólico colectivo pensando y eligiendo aquellas flores y plantas que nos representan o nos recuerdan a nuestra propia cultura, a nuestros refranes, a nuestras prendas de ropa, a nuestra vida,  a nuestra propia historia y a nuestras tradiciones. Cada una presentó al resto de participantes una flor que tuviese un significado especial. Después, nuestra idea de herbario colectivo se basó en ponerlas en común y entre todas complementar la información simbólica de cada flor.

Entre las flores que recopilamos aparecieron algunas que a las participantes les recordaban a sus madres, como la violeta azul por parte de Loren y las fresias por parte de Vero; los perritos de Janet, quien ha podido ver cómo una pequeña mata que había en su casa cuando la compró, ha crecido enormemente, llenando todo su jardín de flores; el canelo, la flor que eligió David, que podrás verla en el Parque Nacional Huerquehue, donde él vio cómo crecían debajo de la araucaria; o flores como las de los frailejones, que crecen en lugares inhóspitos como los páramos y esto le fascina a Andrea.

Además, nos dimos cuenta de cómo nuestro contexto familiar y nuestra infancia se ve atravesada por la simbología floral cuando Monica Pizarro nos transportó al sendero de pensamientos de su infancia. Lori también nos habló de la pasiflora y Claudia sobre los narcisos, relacionando ambas  estas especies con sus abuelos o los geranios de Aiskoa, relacionados con su abuela y su tía… E incluso a mí también me pasó, al estar la presencia de mi abuela tan relacionada con las flores del azahar y su olor. También pudimos escuchar y compartir historias de paciencia y perseverancia como la de Rosi Herrera, quien nos explicó que la flor porcelana ha sido la que más le ha costado ver florecer en su casa y hoy llena su jardín, en contraposición al jacinto, del que Ana María nos comentó cómo crecía explosivamente.

Por último, ya forman parte de nuestro herbario las flores silvestres como el diente de león, tan seductores para soplarlos y hacerlos volar que nos comentó Valeska; e incluso aquellas que atraviesan campos como la cosmética, en el caso de Pam y la caléndula, o los alimentos, en el caso de Marlis, que eligió la cayena por el sabor de sus frutos dulces.

Los herbarios recogen toda la información botánica de las plantas, y estos han sido y son fundamentales para saber sobre ellas y recordar a las que ya no existen. Es importante que todas estas relaciones personales y culturales para con las plantas queden también registradas de alguna manera y los herbarios permiten que puedan perdurar en la memoria y continúen generando esos lazos simbólicos que tanto valoramos. Por ello, desde el Club de Plantas, hemos recogido toda esa información que se compartió en la sesión para crear este herbario tan especial, nacido de los recuerdos y conexiones de cada una de las participantes:

Han participado en la construcción de este herbario: 

Claudia Nicole Pavez Barra, Tania Muñoz, Katherina Calderon, Magaly Rocha, Marblis Vivas, Lori Bustos, David Portius, Rosa Herrera Cid, Pam Lagos, Marta Contreras, Cecilia Chandia, Valeska Lineros, Ana María Sepúlveda, Helena Bricio, Miguel Ángel Aguilar, Lorena Andaur, Andrea Ospina, Verónica Mena, Aiskoa Pérez.

¡Muchas gracias a todas y todos!

 


Este artículo forma parte del Club de Plantas del CCESantiago, un espacio de encuentro y conversación mensual donde nos juntamos desde nuestras casas a compartir saberes e inquietudes en torno al mundo vegetal.

imagen del club de plantas 2021

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