El infinito mundo de la inteligencia vegetal

club de plantas julio 2021

Por Helena Bricio

 

“Si se define la inteligencia como la capacidad de resolver problemas,
las plantas tienen mucho que enseñarnos”
Stefano Mancuso

 

Últimamente cada vez son más las personas que se sienten atraídas hacia una nueva concepción en nuestras relaciones con la naturaleza diferente a aquellas que sitúan al ser humano como centro del universo. ¿Cómo es posible que nos hayamos acostumbrado a pensar que todo está a nuestro servicio sin ser todavía conscientes de todo lo que la naturaleza tiene que enseñarnos? Desde esta perspectiva para entender el mundo alejándonos del antropocentrismo, es decir, de la concepción filosófica que considera al ser humano como centro de todas las cosas, se desarrolla el trabajo de Stefano Mancuso. El botánico italiano ha divulgado el concepto de inteligencia de las plantas, despertando dudas, admiración e incluso rechazo por parte de la comunidad científica, ya que su visión sobre este tema se aleja de la concepción antropocéntrica de la botánica y lucha para acercarnos a ella desde otra perspectiva. Durante su comisariado en la Trienal de Milán de la exposición y muestra “La Nazione delle Piante” (La Nación de las Plantas) intentó despertar en los asistentes la conciencia sobre el reino vegetal y cómo todos los seres nos necesitamos para poder existir y coexistir. Para ello planteó distintas instalaciones botánicas, que se multiplicaban mediante paredes reflectantes y espejos, mostrando así el infinito mundo vegetal.

 

La Nazione delle Piante – XXII Exhibición Trienal de Milán

 

Mancuso también afirma que ninguno de los organismos existentes en la naturaleza somos autónomos o independientes, sino que todos los organismos (humanos incluidos) formamos parte de complejos ecosistemas interconectados… ¿Acaso no estamos todos unidos por el hecho de que las plantas hagan la fotosíntesis? Este proceso las posiciona en la base de la cadena trófica: gracias a ellas respiramos, gracias a ellas nos vestimos, gracias a ellas nos alimentamos, gracias a ellas nos curamos de enfermedades… Entonces, si somos capaces de entender esto, ¿podríamos considerar que la especie humana no es excepcional ni superior? ¿Podríamos observar el mundo que nos rodea alejándonos de esa supremacía antropocéntrica que considera al ser humano como centro del universo? Dispuesta a despejar estas dudas en mi cabeza, con una mente abierta y muchas ganas de saber qué tenían que comentar sobre este tema el resto de participantes, inicié sesión en el Zoom del Club de Plantas para aprender un poco más sobre inteligencia vegetal.

Para esta nueva sesión nos acompañó Constanza López, editora y escritora en la revista Endémico cuyo trabajo intenta acercarnos al mundo vegetal desde una perspectiva alejada del antropocentrismo. Así pues, desde esta mirada abrimos el Club, definiendo en conjunto qué es una planta para nosotras. Hubo una coincidencia general en que las plantas son seres vivos que se comunican entre sí y con otras especies, ya que son seres sociables. Además, comentamos que las plantas son capaces de regenerarse como si de magia se tratase y también mencionamos que establecen relaciones simbióticas con otros organismos. Uno de los participantes, Rolando Cisternas, incluso mencionó maravillado que él consideraba que las plantas tienen una capacidad para sanar que el ser humano todavía es incapaz de imaginar y que “todavía queda mucho que aprender.” Mauge Orellana también puso sobre la mesa la cuestión de que, para algunas personas, las plantas se traducen en simples elementos decorativos en sus hogares, sin tener en cuenta que son un eje fundamental del planeta: “no solamente cumplen una función de adornar nuestras casas, sino que además tienen todo un impacto en el medio ambiente, tienen una inteligencia que nosotros no comprendemos pero que con los cambios que se están produciendo muchas más son las personas que nos estamos interesando por entender este mundo vegetal.”

Si todavía encuentras reticencias, es normal; Constanza nos comentó que “el término inteligencia vegetal es un término bien controvertido y si bien Stefano Mancuso es biólogo […] hay mucha gente del ámbito científico que no está de acuerdo con ese concepto […] básicamente porque no están de acuerdo con que un concepto se asimile a algo animal o a que algo humano sea compartido con algo vegetal.” Sin embargo, ¿es esta visión, tan centrada en el ser humano, fruto de la evolución o es posible cambiarla? Rolando Cisternas mencionó en el club que “las comunidades indígenas generalmente tienen otra relación con las plantas; entonces, eso quiere decir que no es un tema evolutivo, sino que tiene que ver más con un tema de cosmovisión.” ¡Otra visión es posible!

Además, es necesario comprender que poner al ser humano en el centro nos ha llevado a una crisis climática y necesitamos reflexionar sobre cómo nos relacionamos con las demás especies que habitan el planeta, cómo podemos coexistir compartiendo el mismo espacio en el universo. Constanza también nos recordó la importancia de dejarnos enseñar por las plantas y por sus recursos naturales “no sólo porque nos puedan parecer aliadas en el proceso de mitigación de la crisis ambiental, sino también como organismos que pudieran ser un ejemplo de resiliencia y maestras evolutivas […]llevan años de evolución antes que nosotros.” David Portius, por su parte, comentó que una alternativa sería “un “Ecoceno”, donde recordemos siempre que todo está conectado, que todos somos parte de un ciclo y que cuando falla una parte de algo es como si nos fallase una parte del cuerpo […] si no hay biodiversidad el ecosistema se degrada.”

Por otro lado, Constanza mencionó cómo las plantas son capaces de resolver problemas mediante sus propias características, apoyándose en la teoría de Mancuso en la que comenta que son los únicos seres sensibles capaces de detectar quince parámetros físicos y químicos que ningún animal puede… Pero, ¿cómo lo hacen, si no se mueven? ¡Primera trampa para el ojo humano! Una de sus peculiaridades es la capacidad de moverse, a otros ritmos, con sus propios ciclos del clima del planeta, solamente detectables por los seres humanos mediante la observación persistente, “por eso uno cree que no se mueven tanto, pero sí que se mueven, muchísimo”, comentaba Constanza. Las plantas tienen distribuidas en todo su cuerpo las funciones que en los animales están concentradas en distintos órganos, como, por ejemplo, la vista. Respecto a esto, me llamó mucho la atención durante el conversatorio la capacidad de mímesis que caracteriza al Pilpilvoqui, también conocida como Boquila Trifoliolata. Esta planta vive en los bosques templados del sur de Chile y a pesar de no tener vista, ¡es capaz de imitar a las plantas en las que se posa! Mientras que en los animales casi las únicas células que producen electricidad están en el cerebro, las plantas son algo así como un cerebro distribuido en el que cada célula conforma su inteligencia, por ello, no necesitan ojos para ver, oídos para escuchar o boca para saborear.

 

Pilpilvoqui, Boquila trifoliolata 

 

¿Has podido observar alguna vez cómo se relacionan las plantas con su entorno? Durante el club comentamos la diferencia de ciertas plantas que hacen gala de su inteligencia o de sus dotes de comunicación con otras especies, como el berro amarillo.
Esta planta cuenta con dos polinizadores distintos, el picaflor y el abejorro, y desarrolla un sistema de comunicación distinto para cada uno de ellos, que en la ecología se denomina “señales honestas”: para el picaflor, tiñe sus pétalos con una mancha grande y roja para captar su atención, mientras que al abejorro le muestra unas manchas más pequeñas que se conocen como “guías de néctar”, que indican la cantidad de polen que hay en el interior. ¡Y además no todas las plantas dan señales honestas a aquellos animales que les ayudan a polinizar!

 

Berro amarillo

 

Otro ejemplo que nos trajo Constanza fue la Calachunca, nativa de las zonas costeras del desierto de Atacama y también conocida como el “clavel del aire”. Esta planta, para sortear las inclemencias del clima, desarrolla unas raíces que, lejos de servirle para obtener nutrientes del suelo debido a las grandes cantidades de sal que existen en éste, le sirven para agarrarse a otras plantas u elementos. Para obtener los nutrientes necesarios para su supervivencia, la Calachunca absorbe la humedad del aire a través de la neblina que llega desde el océano, conocida como la camanchaca (1) (del aymara: kamanchaka, «oscuridad»).

 

Calachunca

 

Durante la sesión no dejamos de sorprendernos con la inteligencia que las plantas demuestran frente a condiciones adversas y comentamos el caso de las turberas. ¿Has escuchado hablar de ellas? Es un tipo de humedal que encontramos desde la región de Los Lagos hasta Magallanes, que capta agua y la filtra, y Constanza nos comentó que “son muy curiosas porque el porcentaje de turberas que está vivo es muy poquito respecto al total del espacio que ocupa y la turbera está llena de material vegetal, que está más o menos descompuesto.” Las turberas tienen dos plantas protagonistas, el musgo y la drosera. Te preguntarás: ¿qué hace una planta carnívora aquí? Pues, bien, el musgo es incapaz de absorber todos los nutrientes necesarios del suelo, ya que es un suelo muy ácido; por ello, no les queda otra que obtener nutrientes de aquello que las droseras atrapen.

 

Turbera

Turberas: musgo y drosera

 

En un mundo dominado por la razón y por la ciencia, cada vez es más común encontrarse con personas que quieren profundizar más en otras sensibilidades. Entre ellas encontramos aquellas perspectivas sensoriales que son plasmadas mediante el arte, ya que éste nos permite aproximarnos a conceptos de una forma que, muchas veces, escapa de la razón, conectando con otras formas de ver el mundo. ¿Conoces alguna aproximación a la inteligencia vegetal desde disciplinas artísticas? Me pregunto si quizá la imaginación humana será lo más parecido a la inteligencia vegetal: infinita, mutable, desconocida. Entre estos caminos infinitos de comunicación interespecie se desarrolla la práctica artística de María Castellanos y Alberto Valverde (uh513), quienes centran sus investigaciones en la creación de complejos sistemas de comunicación que favorezcan el entendimiento entre humanos y plantas. En su obra “Las plantas también miran a las estrellas”, el dúo artístico imagina y crea un jardín interespecie, donde plantas, animales y humanos conviven con sistemas robóticos-cíborg controlados por organismos vegetales en un jardín interactivo. Mediante sus investigaciones previas y distintos sensores, miden las oscilaciones eléctricas de las plantas conectadas, mostrando reacciones bioquímicas a la presencia de humanos, de otros seres vivos, y el ambiente que las rodea. Después, toda esta información, es procesada y traducida en vibraciones, movimientos y sonidos para que seamos capaces de percibir a las plantas desde un sistema completamente distinto al que estamos acostumbradas.

 

Instalación de UH513 para Jardín Cyborg en Matadero Madrid 

 

Por otro lado, en el terreno de la música, se han llevado a cabo investigaciones sobre si las plantas son capaces de responder a los estímulos musicales pese a no tener oídos, como hizo Dorothy L. Retallack, quien escribió “The Sound of Music and Plants”(El sonido de la música y las plantas) en los años 70, donde examinó el comportamiento de las plantas frente a distintos estilos musicales… ¡También despertó reticencias en la comunidad científica! Retallack hizo varios experimentos en el Colorado Women’s College de Denver. Mediante el uso de tres cámaras de control biotrónico, colocó plantas en cada cámara y les puso música y sonidos a través de altavoces para averiguar el efecto de la música en las plantas. Experimentó con la duración de la música y con distintos estilos para descubrir a cuáles de ellos las plantas reaccionaban mejor. Aunque Dorothy Retallack hizo todo lo posible para que sus experimentos fueran científicos, las condiciones experimentales que utilizó no fueron lo suficientemente exhaustivas y consistentes como para ser plenamente científicas, según algunos críticos. Sin embargo, parece que la relación entre la música y el crecimiento de las plantas sigue llamándonos la atención; por eso no es de extrañar que nos topemos con listas de canciones para nuestras amigas vegetales en plataformas musicales como Spotify, que aseguran potenciar su salud y crecimiento.

 

 

Por último y para finalizar de manera optimista, es necesario recordar que, a pesar de que el ser humano haya provocado ciertos desastres que han resultado en un peligro para la vida como, por ejemplo, los bombardeos atómicos de Hiroshima o el desastre nuclear de Chernobyl, las plantas han conseguido mediante sus asombrosas capacidades volver a generar vida en lugares donde el ser humano todavía no es capaz de acceder. El universo distópico que cualquier cineasta hubiese querido plasmar en su guión se convirtió en una realidad en 1986 en Chernobyl. Más de 2.600 kilómetros cuadrados fueron evacuados y se creó en toda esta área un espacio de exclusión para los humanos. Sin embargo, si hay algo que esto nos haya enseñado, es que a la naturaleza no se le puede restringir nada. A día de hoy, Chernóbil es ahora un paraíso para los jabalíes, osos y lobos, que han regresado a los frondosos bosques que se han desarrollado alrededor de la antigua planta nuclear ucraniana. Distintos medios de comunicación como The Conversation han abordado el porqué de la vida vegetal en una zona tan peligrosa para los animales. Admirable.

 

NOTAS

  1. La camanchaca es un tipo de neblina costera es muy común en el sur del Perú y en el norte de Chile. y Se produce porque, durante el día, el mar absorbe el calor del sol actuando como moderador térmico para, después, durante la noche, liberar ese calor que produce vapor. Este vapor no asciende lo suficiente durante la mañana siguiente, debido a las altas presiones atmosféricas del anticiclón del Pacífico, permaneciendo como una nube que los vientos harán que se desplace hacia la costa. En el norte de Chile se usan unos “atrapanieblas” para conseguir agua para algunos poblados.

 


Este artículo forma parte del Club de Plantas del CCESantiago, un espacio de encuentro y conversación mensual donde nos juntamos desde nuestras casas a compartir saberes e inquietudes en torno al mundo vegetal.

imagen del club de plantas 2021

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